Levadura, Charles Kingsley

[Yeasí]. Novela del escritor inglés Charles Kingsley (1819-1875), publi­cada en 1848. El título alude a la fermen­tación de ideas religiosas y sociales que agitaban por aquel entonces Inglaterra, de­bidas, las primeras, sobre todo al llamado «movimiento de Oxford» y las segundas al programa de Carlyle : el libro — impropia­mente llamado «novela» — es una violenta exposición de tales ideas. Las figuras domi­nantes son las de Lancelot Smith, joven de la alta burguesía, inteligente y apasionado buscador de la verdad; Tregarva, un guar­dabosques galés muy religioso y animado por un espíritu profético y revolucionario, que persuade a Smith para que se ocupe de la cuestión social, y Argemone Lavington, linda e inteligente muchacha, que pasa el tiempo escribiendo elegías a Safo y ro­deándose, material y espiritualmente, de cosas bellas. Ella enciende en Smith un amor puro y noble, dirigiendo su mente hacia un idealismo cada vez más alto.

A su alrededor se mueven: Luca, el primo de Smith, pastor protestante que se convierte al catolicismo; el coronel Bracebridge que, con su suicidio final, da un horrible ejem­plo de la triste suerte que aguarda al vivi­dor, de la misma manera que el pintor Claudio Mellot y su joven esposa son el ejemplo de la pagana vanidad de la vida mundana. Lancelot es víctima de una serie de desgracias, entre ellas la súbita muerte de Argemone, y estos golpes, «pruebas evi­dentes de que el Señor espera mucho de él», le convencen de la necesidad del tra­bajo activo, en nombre de Jesús, en favor de los pobres oprimidos, y encuentra, en Tregarva un amigo que no le abandonará nunca y le ayudará en el cumplimiento de su misión.

Para apresurar la conclusión el autor introduce inesperadamente un miste­rioso personaje: Barnakil, especie de «deus ex machina» que penetra de una manera estrambótica en la vida de casi todos los personajes para amonestarlos o socorrerlos, y con su elocuencia lleva a cabo en el cora­zón de Lancelot la obra iniciada por Tre­garva y por la difunta Argemone. El libro tiene todos los defectos y todos los méritos de la obra de Kingsley: es pesado y mal construido, psicológicamente superficial y demasiado parcial para convencer a los ad­versarios, pero rebosa de vigoroso entu­siasmo hacia un programa de reformas por el estilo de las que algunos años después fueron sostenidas por el «socialismo cris­tiano».

L. Krasnik