Lelio o de la amistad, Marco Tulio Cicerón

[Laelius, de amicitia]. Diálogo compuesto por Marco Tulio Cicerón (106-43 a. de C.) en el año 44, con tres interlocutores: Lelio, Fannio y Escévola el augur, el cual, en su vejez, se supone refirió a Cicerón, entonces adoles­cente, cómo se desenvolvió el coloquio. Ha­cía poco que había muerto Escipión Emilia­no, y Lelio, todavía abatido por la pérdida de su entrañable amigo, inicia su discurso con algunas consideraciones acerca de la inmortalidad del alma, la carencia de valor de la muerte y el valor superior de la amis­tad, que más que ninguna otra cosa hu­mana es privilegio de los buenos.

No es verdad que la amistad nazca de la utilidad y tienda a ella; por el contrario, encuentra su fundamento en la naturaleza misma, y cuanta mayor virtud revela un individuo, tanto más nos sentimos arrastrados hacia él por sentimientos de amistad, que son nobles correspondencias espirituales y no vulgares apetitos de los sentidos. Hay amis­tades prudentes y doctas, y amistades vul­gares y superficiales: no es necesario decir que las primeras son preferibles a las se­gundas, porque se fundan verdaderamente en la virtud y tienden al bien común de los amigos. Las únicas dificultades que se presentan cuando hay diferencias de edad o de condición social son, por lo demás, fácilmente superables con discernimiento y sentido común. Puede acontecer que a veces las amistades deban interrumpirse, y en­tonces es necesario un gran tacto, como es necesario también tener mucha cautela desde el principio, cuando se contraen amistades nuevas, y gran prudencia cuando se hacen o reciben advertencias entre amigos. Desde el punto de vista filosófico, el tratado representa una toma de posición contra el epicureísmo, que consideraba que la amistad se fundaba únicamente en el provecho; las teorías profesadas son aristotelicoteofrásticas, revisadas a la luz del es­toicismo, en cuanto admiten una más rígida concepción ética de la vida, basada en los deberes imprescindibles del hombre moral.

Tratado científicamente no profundo, el Lelio es un ejemplo de la aptitud que Cice­rón poseía para cambiar, aunque siempre fuera en un plan escolar, las ociosas cues­tiones planteadas en los gimnasios griegos en problemas vivos y actuales de la socie­dad y el mundo romano. [La primera tra­ducción española de este diálogo ciceroniano es la de Francisco Thamara, en su versión de los Libros de los Oficios, de la Amicicia y de la Senectud (Amberes, 1546). Poste­riormente aparece la traducción del Libro llamado Arte de Amistad, por Ángel Cor­nejo (Medina del Campo, 1548). En el si­glo XVIII es preciso mencionar la excelente versión de don Manuel Blanco Valbuena (Madrid, 1777), y en el siglo XIX, la de don Fernando Casas (Cádiz, 1841). Moder­namente existe, además, la traducción de Pedro Font y Puig (Barcelona, 1936). La más divulgada es la de don Manuel de Val buena, ya citada, reimpresa en el tomo IV de las Obras completas publicadas por la Biblioteca Clásica Hernando (Madrid, 1883)]

F. Della Corte