Última novela de Antonio Fogazzaro (1842-1911), publicada en Milán el 12 de noviembre de 1910. Es el cuarto volumen de la tetralogía de novelas que comienza con Pequeño mundo antiguo (v.) y continúa con Pequeño mundo moderno (v.) y El Santo (v.). Es el testamento espiritual y artístico de su autor.
Un discípulo del protagonista del Santo, perdida la fe en medio de la lucha y la polémica, por orgullo herido, pero también por falta de caridad de parte de quien no hubiera debido castigarle, sino ayudarle a reconocer su error, recobra su fe en los brazos de Leña (v.), una rica heredera de temperamento rebelde, la cual, aun amándole secretamente, se le resiste largo tiempo, obstinándose en ver en él, más que otra cosa, un cazador de dotes. El argumento está complicado por los secretos manejos del padre de Leila y de un consejero suyo, interesados en conseguir que el matrimonio no se efectúe, para meter mano en los bienes del señor Marcello (v.) que ha adoptado a Leila, la cual fue novia de su hijo, que murió; y también por los manejos de dos sacerdotes de la aldea donde Leila vive, en la quinta del señor Marcello, enemigos del pretendiente, contrario al poder oficial de la Iglesia. Como libro de ideas, es discutible; como novela de amor es una bella novela. El humor polémico transforma a menudo en sátira y en mordaz sarcasmo la habitual argucia de Fogazzaro. El paisaje tiene papel preponderante en la narración, y, más que en otras obras, se hace sensible en ésta el elemento musical, en que se informó toda la producción de Fogazzaro.
P. Nardi
Le falta todo equilibrio entre la crisis íntima de los dos personajes principales y la crisis de los hechos y del ambiente; y por lo tanto la impresión de conjunto del libro resulta fatigosa e incierta. (E. Cecchi)

