Laudas, Lorenzo el Magnífico

[Lau­di]. Se ha discutido mucho si la religiosi­dad del Magnífico (1449-1492) fue sincera. A nosotros nos parece que sí, a condición de que se entienda que surge de su mismo humanismo, de la insatisfacción de la pe­renne búsqueda de nuevos motivos y de la aspiración de reposar en algo seguro: reli­giosidad típicamente neoplatónica que a través del amor a los bienes terrenos quiere alcanzar el bien perfecto del cual aquéllos no son más que la sombra.

Algunas de las Laudas más personales nos muestran este itinerario espiritual: «Tu sei per tutto, in ogni luogo, o Dio/e in alcun luogo non ti trovo mai» [«Tú estás en todas partes, oh Dios,/y yo no te hallo nunca en parte al­guna»]. Cansancio de una vida dispersa, afán de paz, ansiosa e insatisfecha aspira­ción mística. El tono, si ya no es intelectualista como en las obras neoplatónicas (v. Discusiones y Capítulos) queda no obstante indefinido, y el grave endecasílabo le sienta muy bien. La más conmovida y significa­tiva es «O Dio, o Sommo Bene, or come fai?» [«Oh Dios, oh Sumo Bien, ¿qué haces ahora?»]. En otras laudas, en cambio, lo trascendente no se busca en lo íntimo sino que se ve en el hecho simbólico de la reli­gión revelada, en las figuras de Cristo y de la Virgen, en la tradición católica, concreta y figurativa. El sentimiento se encarna en la imagen, de un realismo popular, ingenua­mente material, que recuerda las estatuas de cera con los rojos arroyuelos de sangre que corren por las carnes amarillentas: ex­presión más idónea al temperamento artís­tico del Magnificó, aunque más exterior en su expansiva sinceridad.

En líneas sintéti­cas se fijan de un modo inmediato simples motivos, impresiones visuales, y los versos tan breves y musicales, en el ritmo rápido de los bailes. No en vano se cantan con la misma música; distintas por el contenido, eran afines por el arte, y en unas y otras el Magnífico llevaba la voz de su pueblo y de sus superficiales emociones amorosas y religiosas. La mejor de todas es «Vieni a me peccatore», que recuerda un Crucifijo de Fray Angélico.

E. Rho