Laudas Dramáticas de los Disciplinantes, Ranieri Fasani

Notable importancia en la his­toria literaria y particularmente en el des­arrollo de las laudas dramáticas y de las representaciones sacras, tiene el movimiento de los flagelantes, existente en 1259 y princi­pios de 1260, en Perugia, por obra de Ranieri Fasani y otros «disciplinantes».  Este movimiento no tardó en propagarse por toda Italia en el afán de una profunda penitencia religiosa y en espera de una total renovación de la sociedad y del mun­do, y enlazaba la humildad de San Francisco de Asís con las profecías de Gioacchino da Fiore. A través de las ramificaciones de los «Disciplinati di Gesù Cristo» de Pe­rugia, y de otras hermandades similares, se difundieron, dentro de las costumbres litúrgicas, las laudas dramáticas, primero como versiones de los cantos rituales, según se puede afirmar por el mismo Cántico de las creaturas (v.), y luego como composi­ciones independientes.

Los laudarios, con­servados en número de unos doscientos, se intercambiaban de cofradía a cofradía; estas obras, cuyos autores no sentían el deseo de manifestar su nombre, transforman, como se ha dicho, la balada profana popular en ba­lada popular religiosa. Esto atestigua una inmensa actividad, que se halla a medio camino entre la literatura y la devoción, y documenta sobre todo la piedad laica fren­te a la organización religiosa y a los him­nos del clero oficial. Las laudas dramáticas (en sus inicios bajo forma de monólogos o de simples diálogos) presentan la Pasión de Cristo o los dolores de la Virgen, incitando con peroraciones a la piedad y a la pureza; luego tratan de las vidas de los santos. El carácter religioso de las laudas se ve con­firmado por el hecho de qiie un coro res­ponde a las palabras de un solista o de un grupo de cantores. Las primeras obras, como por ejemplo las laudas de la cofradía de la Santa Cruz de Urbino, conservan la sen­cillez y la eficacia dramática características de El Llanto de la Virgen (v.) de Jacopone da Todi; pero poco a poco, en la búsqueda de innovaciones técnicas, la lauda se enri­quece con una vivacidad escénica y una trama más compleja y variada, con acciones que no aparecen en la Sagrada Escritura e incluso con rasgos juglarescos. La lauda dramática de los Disciplinantes se desarrolló sobre todo en Orvieto y tuvo manifesta­ciones teatrales por lo menos durante todo el siglo XIV : incluso entre las adaptaciones de otras partes de Italia conservó su in­fluencia en la formación de un nuevo tea­tro religioso.

Su importancia, decididamente afirmada por Ernesto Monaci en su obra Uffizi drammatici de’ Disciplinati dell’Um­bria, 1871 (a este erudito se debe el uso de la antigua forma «lauda» en lugar de «lau­de») ha sido cada vez más apreciada por estudios y publicaciones de textos inéditos por Giuseppe Mazzanti (1889) y Giuseppe Galli (1906 y 1910). Finalmente, Vincenzo De Bartholomaeis en sus Origini della poesia drammatica italiana (1924) ha puesto de manifiesto con nuevos estudios la impor­tancia de las laudas en el desarrollo del teatro italiano, y en la recopilación de Lau­de drammatiche e rappresentazioni sacre, Florencia 1943, ha recogido entre otras las más notables de las varias cofradías de Disciplinantes de Asís, Perugia y Gubbio.

C. Cordié