[I romanzi]. Tratado dividido en tres libros, de Giovan Battista Nicolucci, llamado Pigna (1530-1570), publicado en 1554; habla, «a la manera nueva», de la «poesía y de la vida de Ariosto». Tiene una notable importancia en la sistematización del gusto literario del Renacimiento, en cuanto defiende decididamente el arte del Orlando furioso (v.) en la tabla de valores poéticos, más allá de la división de los géneros literarios.
El autor discute en el primer libro las diversas manifestaciones del arte y particularmente de la epopeya; de varios ejemplos se deduce que el imitar y el narrar son casi contrarios, por cuanto el uno se vale de autores clásicos, dignos de observarse como modelo de bella expresión, y el otro se deja arrastrar por una inspiración más briosa, según las costumbres propias de la literatura popular.
En los poemas clásicos o clasicistas la acción es ilustre y basada en las gestas de un héroe, mientras que en las novelas caballerescas la trama ofrece la misma base con una infinidad de aventuras todas ellas actuales para el autor y el espectador, gracias al interés vivísimo que despiertan.
En el segundo libro habla de Ariosto, según el principio seguido ya por Diógenes Laercio en las Vidas de filósofos (v.): el de hacer más comprensible un pensamiento a través de la descripción de una existencia. Después de haber hablado de los estudios y de las obras del poeta, Pigna habla con particular respeto del Orlando furioso y de sus episodios más singulares, desde Estofo (v.) a Alsina (v.) y a Logis tilla (v.). Oportunas referencias a las Sátiras (v.) y a las Comedias intentan esclarecer el particularísimo acento humano del artista.
En el tercer libro son examinadas las correcciones de algunas de las estancias del Orlando furioso, con varios cotejos de textos y de léxico; son estudiadas también, con bastante amplitud, las rimas, la selección de los vocablos, la composición de la obra y en particular el mundo del poeta, entre sus visiones y su flexible inventiva de artista.
Por esto, después de un poema tan aceptado por el público, hay que proceder a la formulación de un nuevo gusto: el de la razón poética de las novelas, que por su intriga y vivacidad descriptiva se valen de motivos distintos a los de los poemas épicos. El favor alcanzado por el Orlando furioso entre sus innumerables lectores indica la necesidad de revisar los esquemas de la crítica y de fundar una nueva poética propiamente dicha.
Pigna, seguro de haber encontrado un creador no indigno de los antiguos, no oculta hasta qué punto el poeta, en su riqueza expresiva, imitó a los antiguos con arte finísimo, incluso en los momentos en que parecía más alejado de ellos por la fantasía; es un autor excelso, que inicia por sí mismo una nueva tradición.
El principio de la inventiva poética fue’ expresado en el mismo año por Giambattista Giraldi en su Disertación sobre la composición de las novelas (v.), y Pigna sostuvo muy pronto polémicas con él con consideraciones a menudo rencorosas que irán haciéndose cada vez más insistentes en otros literatos, a causa de la oposición entre la Jerusalén libertada (v.) y la poética de los aristotélicos. Este aspecto polémico da un gran interés histórico al libro de Pigna.
C. Cordié

