Las Historias del Padre Brown, Gilbert Keith Chesterton

[The Father Brown’s Stories]. Bajo este título están comprendidas las cuatro series de narraciones del escritor inglés Gilbert Keith Chesterton (1874 – 1936) que tienen como protagonista al sacerdote polícia Pa­dre Brown (v.).

En la primera serie El candor del Padre Brown [The Innocence of Father Brown], publicada en 1911, el inge­nuo cura consigue desentrañar los proble­mas policíacos más complicados porque ve el lado más sencillo e inocente de las cosas, que escapa a cuantos las investigan con pe­netración y malicia; en «Los pasos extra­ños» [The Queer Feet»], por ejemplo, el ladrón consigue introducirse en un círculo vigiladísimo para efectuar un robo impor­tante, basándose en el hecho de que un traje de etiqueta de un caballero es igual al de un camarero; en las «Estrellas fuga­ces» [«The Flying Stars»] un aventurero que quiere robar unos brillantes famosísi­mos, se disfraza de Arlequín, efectúa el robo tomando parte en una pantomima navi­deña y esconde los brillantes robados entre las lentejuelas que cubren su disfraz; el hombre invisible de otra novela [«The in­visible Man»] no lo es físicamente, sino sólo porque su presencia es tan obvia que nadie lo toma en consideración; la clave de un misterioso crimen en «La forma equí­voca» [«The Wrong Shape»] nos la da la forma «perversa» de un trozo de papel don­de la víctima escribió sus últimas palabras.

Las novelas de la segunda serie, La cor­dura del Padre Brown [The Wisdom of Father Brown], publicada en 1914, tratan no tanto de crímenes como de extraños tru­cos que pueden parecer criminales a un observador superficial: en la «Ausencia del Señor Glass» [«The Absence of Mr. Glass»] la supuesta víctima es un prestidigitador que está ensayando, encerrado en su cuar­to, trucos del oficio y habla en voz alta consigo mismo; «El paraíso de los ladrones» [«The Paradise of Thieves»] nos presenta a un rico banquero culpable de graves mal­versaciones, que finge ser atacado por unos bandoleros en los montes Apeninos, para justificar la desaparición del dinero que le fue confiado; «El desafío del Doctor Hirsch» [«The Duel of Dr. Hirsch»] es un duelo, con fines publicitarios, que un científico fin­ge sostener consigo mismo; «La cabeza de César» [«The Head of Caesar»] es un dra­ma de la avaricia que impulsa a un colec­cionista a explotar, bajo aspecto fingido, a sus mismos familiares.

En los relatos de la tercera serie, La incredulidad del Padre Brown [The Incredulity of Father Brown], publicada en 1926, el sacerdote policía re­suelve los problemas más difíciles gracias a estar libre de las supersticiones, tan arrai­gadas en los hombres, que los delincuentes pueden basar en ellas sus crímenes: «La saeta del cielo» [«The Arrow of Heaven»] que hiere a los sucesivos propietarios de una preciosa copa, no viene en realidad del cielo y es usada bastante más normalmente como puñal; «El oráculo del perro» [«The Oracle of the Dog»] no es un caso de miste­riosa e infalible intuición animal, sino que se explica de modo mucho más natural y sencillo; «La maldición de la Cruz dorada» [«The Curse of the Golden Cross»] que hiere a cuantos la tocan, es sólo la astucia de un maniático impulsado al crimen por su pasión de coleccionista; en «El puñal alado» [«The Dagger with Wings»] un de­lincuente efectúa sus crímenes aprovechándose de la perversa aureola sobrenatural que consigue crear a su alrededor.

En la última serie de relatos, El secreto del Padre Brown [The Secret of Father Brown], pu­blicada en 1927, el protagonista nos revela finalmente su método: se identifica con el culpable, prepara el crimen en todos sus detalles, finge llegar al momento de cometerlo, pero sin llevar a cabo la acción final. Esta teoría es puesta en práctica en varios relatos, como «El espejo del magistrado» [«The Mirror of the Magistrate»] en el que un poeta inocente es acusado de un crimen que ha cometido el magistrado encargado del proceso; «El hombre con dos barbas» [«The Man with two Beards»], donde la misma calidad del crimen revela que su autor es un hombre grosero, que niega toda espiritualidad, y «El peor crimen del mun­do» [«The Worst Crime in the World»], que nos revela la monstruosa psicología de un hombre que, después de haber matado a su propio padre, se hace pasar por él y se acusa, con diabólica complacencia, del cri­men más terrible.

Riquísima es la variedad de ambientes, de situaciones y de tipos que encontramos en estas historias. En ellas Chesterton, defensor de la tradición y de la ortodoxia religiosa contra el escepticismo científico de su época, se abandona a su afición, a la fantasía y a la paradoja, y expresa, en sencilla forma de relato poli­cíaco, la fidelidad a la doctrina tradicional que es la única que puede salvar a la hu­manidad del delito y del caos. [El candor del Padre Brown, Trad. de Alfonso Reyes (Madrid, 1921) y de I. Abelló (Barcelona, 1942); La sabiduría del Padre Brown (Bar­celona 1936); El escándalo del Padre Brown, Trad. de F. González Taujis (Barcelona, 1942), y El secreto del Padre Brown, Trad. de F. González Taujis (Barcelona, 1943)].

A. P. Marchesini

Chesterton pudiera compararse a un Pa­dre de la Iglesia, obligado por la necesidad de los tiempos y de su ministerio a predi­car en estilo burlesco a las turbas de escép­ticos y vividores. La seriedad de sus inten­ciones y de sus conceptos no teme ser comprometida por las extravagancias ver­bales. (E. Cecchi)