Las Hermanas Vatard, Joris Karl Huysmans

[Les sœurs Vatard]. Es la primera obra narrativa im­portante de Joris Karl Huysmans (1848- 1907), publicada en 1879, y quizá la más crudamente característica de toda la es­cuela naturalista zoliana.

La escena se abre en el taller de encuadernación de una gran tipografía, en donde un pequeño gru­po de operarios se alterna en el trabajo día y noche, en una sórdida estancia, con poca luz, bajo la dirección de un viejo jefe de reparto y de la vigilante. En él se distinguen las dos hermanas Vatard: las seguimos en la vida familiar, entre el pa­dre bonachón, jubilado, y la madre inválida, en las peripecias del trabajo, en sus amo­res. La mayor, Céline, delgada y fogosa, hace una vida libre, entregándose sin es­crúpulos a las más variadas aventuras; la menor, Désirée, más prudente y tranquila, sueña con un plácido amor y un tranquilo y feliz matrimonio. Bajo la vigilancia de los viejos indulgentes y descuidados, egoís­tamente apegados a sus miserias, cómodos cuando no voluntariamente disolutos, las muchachas entablan relaciones más o me­nos duraderas con jóvenes operarios vicio­sos y alegres. En esta desoladora atmósfera tiene lugar, aunque voluntariamente obscu­recida y sazonada con penosos detalles rea­listas, la historia del amor de Désirée y Augusto, un compañero de trabajo de la muchacha, tímido y no privado de delica­deza. El padre Vatard, se opone, sin em­bargo, al matrimonio, porque no es un ope­rario suficientemente hábil, y porque gana demasiado poco.

Los enamorados sacan par­tido de ese obstáculo para fingirse una gran pasión; pero, después de pasear durante al­gunos meses su idilio de cita en cita, cuan­do el padre, cansado ya y presionado por la hija mayor, está a punto de ceder, se encuentran cansados y fastidiados el uno del otro. Terminan así por quedar en bue­nos amigos, aceptando cada uno un nuevo proyecto de matrimonio, sugerido por bien intencionadas amistades. En torno a esta fábula trata de organizarse la narración, que no llega a alcanzar verdadera arqui­tectura, debido al relieve que toman los más minuciosos detalles. De manera que el libro entero se ofrece como pretexto para una serie de fragmentos de gran fuerza: el taller de la tipografía (con el que comien­za y termina la obra); los cafetuchos, las tabernas y los restaurantes populares de la metrópoli; el vaivén de los convoyes de una estación ferroviaria de la periferia, sobre la que dan las ventanas de la casa Vatard; bailes y pequeños teatros de suburbio. Cua­dros en los que el mordaz y coloreado estilo de Huysmans encuentra manera de hacer brillar las pintorescas cualidades que encontraremos en Siguiendo la corriente (v.) y en Al revés (v.), llegando a repre­sentaciones de innegable y casi obsesionante fuerza.

M. Bonfantini