Varias obras de poesía alemana se han inspirado en el héroe germánico. En primer lugar, un diálogo latino (Arminiús, 1523), del polemista Ulrich von Hutten (1488-1523), que, imitando la forma dialogada de los escritos teóricos y polémicos de los humanistas italianos y plagiando el modelo de Luciano, exalta en Hermann (v.) «al más libre, invicto y alemán de los hombres», para sublevar la conciencia nacional germánica contra la supremacía de Roma. El vencedor de Teuto- burgo es. representado como el primer héroe germánico que venció al ejército imperial y sacudió la tiranía romana. El autor, paladín y heraldo de la Reforma, utiliza naturalmente, el suceso militar, sobre todo con fines politicorreligiosos, queriendo acompañar con una reacción del sentimiento nacional la revolución de Lutero contra la Iglesia romana.
M. Pensa
* El poeta barroco Daniel Casper von Lohenstein (1635-1683) escribió un poema que quedó incompleto y apareció póstumo en 1689, titulado Arminius und Thusnelda, o, más propiamente, El magnánimo caudillo Arminius o Hermann, como valeroso defensor de la libertad alemana, y a su lado, a su Serenísima Thusnelda, en una simbólica historia de estado, amor y heroísmo, expuesta en dos partes y adornada con bellos grabados, para gloria (trad. lit.: para el amor) de la patria y en honor de la nobleza alemana y de su gloriosa descendencia. Consta de 3.076 páginas en octavo grande y se acumula en ellas cuanto es posible introducir buscando aventuras caballerescas, heroísmos clásicos, descubrimientos geográficos, nociones de medicina, de moral, de política, de historia, de mitología, de alegorías. La figura de Hermann, el héroe de la famosa batalla que contuvo el avance de los romanos, simboliza al emperador Leopoldo, por lo cual el ambiente .histórico no existe. Además de un relato de amor, el autor quiere hacer no sólo una historia alemana general, sino también, y sobre todo, siguiendo los preceptos de Opitz, una obra útil, lo cual quiere decir, para el gusto del tiempo, que eduque políticamente y afirme los derechos de la nación alemana contra las influencias de la Francia de Luis XIV. Lohenstein quería hacer una obra vastísima, por lo que intercaló largas exposiciones históricas (todas las hazañas de los Habsburgo y las últimas guerras religiosas), aventuras extraídas de los tiempos de Roma, de los sucesos de Armenia y Tracia, barajando todo ese material en una especie de enciclopedia que por sus intenciones debía ser una historia primordial y universal del pueblo germánico. Lohenstein desprecia y evita conscientemente la sencillez, pese a todo lo cual la novela supo halagar tanto el gusto de la época que sus contemporáneos no sólo la admiraron, sino que la tomaron por modelo.
M. Pensa
* En el siglo XVIII el tema de Hermann reaparece con el dama Hemann de Johann Elias Schlegel (1718-1749), aparecido en 1743. En él se centra el interés no tanto en la persona de Hermann como en la de Thusnelda (v.), amada secretamente por Flavio hermano de Hermann. Flavio, debido a este amor inconfesable ya la debilidad, figura como traidor, mientras Thusnelda, sabiendo mantenerse fiel a Hermann, aparece como heroína consciente de la libertad de la patria. El drama se vivifica así con el contraste de las pasiones; y en éste – más que en el mediocre poema breve Hermann, 1751, de Cristoph Martin Wieland (1733-1813)—se inspiró Klopstock cuando se dispuso a componer su célebre trilogía barda (v. más adelante).
M. Pensa
* Entre las obras menores del prerromanticismo, recordemos de paso: Arminius, tragedia de J. Moser (1749); Hermann o alemania libertada [Hermann oder das befreite Deutschland, 1751], poema de C. O. von Schónaich; Hermann. Un ejemplo de amor patriótico [Hermann. Ein Beispiel der Liebe zum Vaterland, 1773], tragedia de Fl. Reichssiege1; Hermann y Thusnelda (1768), tragedia de H. von Ayrenhoff; Hermann (1784), drama de J. C. L. Fresenius.
* Significativa es, en cambio, la trilogía que a la figura de Hermann dedicó Friedrieh Gottlieb Klopstock (1724-1803). Los tres dramas fueron llamados por el autor «bardos» y son la manifestación de un nuevo sentimiento patriótico que surgió en el alma de Klopstock tras la aparición del Edda (v.) y del Osián (v. Poesía osiánica) en 1764 y 1765, dos grandes sucesos en el mundo literario nórdico. El descubrimiento de la poesía autóctona germánica y de la osiánica, también considerada como tal, exaltaron al poeta, que creyó, como muchos de su tiempo, en la existencia de los «bardos» en tiempos de Hermann. Así quiso ascender hasta aquellas épocas arcaicas, creando una serie de dramas y poesías (Hermann, 1767) en una atmósfera estrictamente germánica. La tentativa era atrevida, pero abortó en estos dramas no dramáticos donde se narra, en forma dialogada y con rimas carentes de calor, la célebre victoria de Hermann sobre Varo y el fin del héroe. El primer drama, La batalla de Hermann [Hermannsschlacht], fue escrito en 1769. La intriga repite la del Hermann de Schlegel con ligeras variantes: el lugar de la acción no es el bosque de Teutoburgo, sino un barranco del Harz; Flavio, el hermano de Hermann, es el traidor, mientras Siegmund, el hijo de Segestes, es el héroe que ayuda a Hermann a vencer a los romanos; Thusnelda es ya al mujer de Hermann; éste es herido en la batalla y perdona a Flavio, libertándole de las cadenas que le sujetaban.
También aquí la acción humana se desarrolla sobre el fondo de una fuerte religiosidad pagana donde, junto a Wotan, se encuentran, por otra parte, los dioses griegos. Son sugestivos los cantos de los bardos que acompañan la acción; pero carecen de espontaneidad. El nuevo bardo Klopstock no podía cancelar quince siglos de latinidad con este drama irrepresentable que Schiller llamó «frío, insípido, grotesco, sin vida y sin verdad». Pero también las tentativas tienen cierto valor: la de Klopstock, aun prescindiendo» de las partes líricas, que constituyen lo mejor de la obra tiene el mérito de haber promovido los estudios sobre la antigua literatura popular germánica. El segundo drama, Hermann y los príncipes [Hermann und die Fürsten]y compuesto en 1784, es sin duda el menos importante de la trilogía. Mientras Hermann quiere esperar un momento más oportuno para atacar a los romanos, los príncipes alemanes, envidiosos de él, le obligan a librar batalla inmediatamente. Hermann es vencido por los romanos y su propio hijo Theudes está a punto de caer prisionero, como le sucede a Brenno, el jefe de los druidas. La acción se acompaña con numerosos coros de bardos, con espectros, sombras y personajes simbólicos. En el tercer drama, La muerte de Hermann [Hermanns Tod], compuesto en 1787, Hermann, traicionado por los príncipes alemanes envidiosos de su poder, es derrotado. Cuando Thusnelda vuelve de la cárcel romana y se entera de ello, se inclina ante el destino y se resigna al final; su hijo Theudes muere violentamente; y cuando le anuncian la muerte de Hermann, muere Thusnelda también. Toda la tragedia se basa en lo ineludible del destino, y el fatalismo germánico que domina las acciones de los personajes está acompañado por la visión de fondo del Walhalla que hace respirar, dentro de una atmósfera osiánica, un poco de aire del paganismo nórdico.
M. Pensa
* En cuanto al siglo XIX, se comprende que el despertar de la conciencia nacional alemana por obra de la Revolución francesa, del Romanticismo y de las guerras napoleónicas, inspirara el sinfín de obras sobre Hermann que, continuamente, fueron apareciendo. Ello explica también el rebelde patriotismo que sugirió a Heinrich von Kleist (1777-1811) el drama La batalla de Hermann, artísticamente no muy afortunado, que fue representado en 1808. La acción se desarrolla aproximadamente como en el drama del mismo nombre de Klopstock, pero sin el menor relieve de los pocos motivos dramáticos (como el conflicto entre Hermann y Marbod) y con la añadidura de muchos anacronismos y de no pocas ingenuidades e incongruencias. Hermann y Thusnelda oscilan entre un romanticismo blandengue y una exasperación kleistiana de las pasiones (se hablan entre ellos con diminutivos de la pequeña burguesía como «Thusneldita» o «corazoncito»; Thusnelda, en un momento de malhumor, le dice: «Eres un mico», y por otra parte manda despedazar por una osa al romano Ventidio por una carta que éste escribió sobre sus rizos). Con este drama, Kleist quería desfogar su odio contra la tiranía de Napoleón; de modo que más que una obra poética, es un acto polémico.
M. Pensa
* La Batalla de Hermann, de Christian Dietrich Grabbe (1801-1836), representada en 1836, se resiente del nuevo clima dominante en la alemania de la época: pone en escena a un Hermann dirigiendo la guerra contra los romanos con disfraces y astucias y a una Thusnelda cuyas actitudes heroicas parecen de una tosca aldeana. Se representa la batalla en el bosque de Teuto- burgo y hay un epílogo que se desarrolla en Roma en el lecho de muerte de Augusto, quien anuncia la divinidad de Jesucristo. El motivo patriótico se agota así en una ambición grandiosa de poesía con fondo filosófico que interpreta los grandes sucesos de la historia; pero el resultado es confuso y caótico.
M. Pensa
* La misma intención patriótica tienen Hermann (1813), drama de F. E. Rambach; Hermann o la liberación de alemania [Hermann oder die Befreiung Deutschlands, 1816], drama de G. E. A. Wahlert; Hermann (1818), drama heroico de Fr. de la Motte-Fouqué; Hermann el Guerusco (1819), poema de G. C. Braun; Hermann y Thusvelda (1822), drama de Ed. Mátzner; Hermann (1834), novela de Sig. Wiese; La Batalla de Hermann (1842), poema de Karl Schramm; Hermann, príncipe Guerusco [Hermann der Cheruskerfürst, 1839], tragedia de Lud. Thebesius; Hermann (1861), drama, de A. Ebrard; Hermann el Guerusco (1861), dilogía dramática de Hans Koster; La batalla de Hermann, de Edmund Rüffer (1862); Hermann (1863), drama de A. Lomnitz; Hermann primer libertador de alemania [Hermann, der erste Befreier Deutschlands, 1863], novela de Eug. Dedenroth; Hermann el libertador [Hermann der Befreier, 1873], drama de K. Kosting; Hermann el Guerusco (1873), drama de H. Rahn; Hermann el Guerusco (1874), tragedia de Gust. Wach; Hermann, príncipe Guerusco (1874), tragedia de Wilh. Oesterhaus; Hermann el Guerusco (1878), drama de A. Norwack; Hermann el Guerusco (1882), drama de L. Pichler; Hermann (1883), poema de M. E. delle Grazie; Hermann y Thusnelda (1889), drama de A. Rautener; y de este modo las composiciones continuaron al mismo ritmo; en la alemania guillermiana, desde 1890 a la primera guerra europea, es posible contar no menos de una veintena.
M. Pensa
* En Francia, la figura de Hermann inspiró en el siglo XVII a Georges de Scudéry (1601-1668), quien en 1643 compuso una tragedia «preciosista» en cinco actos, en que el famoso héroe germánico está disfrazado de elegante caballero del siglo del autor.
* En Italia, Ippolito Pindemonte (1753- 1828) escribió un Arminio, tragedia en cinco actos refundida en 1798, aproximadamente, y publicada en 1804. Inspirándose en los datos de la narración histórica de Tácito, el autor pone en escena un Hermann que aspira a hacerse rey de los gueruscos, pueblo germánico. Los otros guerreros quieren la libertad de su gente y tratan de inducir al héroe a desistir de sus propósitos. Pero inútilmente; el choque se produce en la selva de Teutoburgo: el hijo de Hermann, Baldero, para no mancharse con la sangre de su padre, se quita la vida; Telgastes, su amigo y colega, futuro yerno de Hermann (pues ama a su hija Velante), vence en la batalla al tirano, quien, herido, se mata. A excepción de la escena de la selva, y algunos fragmentos líricos con los cantos bardos de los gueruscos — elementos uno y otros casi completamente nuevos en el teatro — la tragedia se desarrolla con motivos clásicos y con riguroso respeto a las unidades de tiempo y lugar. En parte se asemeja al Bruto segundo (v.) de Al- fieri, en parte al Julio César (v.) de Shakespeare, ya por el carácter del protagonista, ya por el parlamento de Balder o, que recuerda el famoso discurso de Antonio sobre el cadáver de César, en una escena imitada ya por Monti (parlamento de Opimio sobre el cadáver de Escipión) en Cayo Graco (v.).
C. Cordié
* También en la música la figura del héroe germánico había de encontrar su puesto. Entre las primeras obras inspiradas en el mismo se recuerda el Arminio de Alessandro Scarlatti (1660-1725), con libreto de Salvi, representado en Florencia en 1703, que no puede considerarse entre las mejores composiciones del gran músico: surgen de tarde en tarde destellos de singular interés por el montaje rítmico y por el calor de algunas volutas melódicas, presagios de las páginas más hermosas de la que puede considerarse su ópera más sentida y original, el Tigrane.
L. Rognoni
* En 1707 se representó en Düsseldorf la ópera Hermann, de Agostino Steffani; en 1722 apareció también el Arminio de Cario Francesco Pollarolo (1653-1722), representado en Venecia, obra apenas recordada entre las numerosas escritas por el famoso maestro veneciano.
* También un gran discípulo de Scarlatti, Johann Adolph Hasse (1699-1783), debía tratar el mismo argumento; su Hermann, representado en Milán en 1731, es considerado como una de sus mejores realizaciones. En esta ópera, Hasse, formado a través de la viva y cálida sensibilidad scarlattiana, fija, con mayor conocimiento de la expresión dramaticomusical, las características del propio estilo, subrayando, incluso con acentos de dramático dinamismo que presagian la ópera romántica, la acción escénica y fortaleciendo el recitativo. El Hermann de Hasse es, además, una de las óperas más curiosas del siglo XVIII por la relación directa entre la música y las representaciones de estados de ánimo, aunque en substancia su inspiración quede limitada a un patente eclecticismo.
L. Rognoni
* Georg Friedrich Händel (1685-1759), escribió un Arminius de escaso valor, representado en 1737; es una de las siete óperas compuestas por él para el Covent Garden de Londres. Se recuerdan, en fin, el Arminio de Baldassare Galuppi (1706-1785), de 1747, y los de Giacomo Tritto (1733-1824), Roma, 1786; de Angelo Tarchi (1760-1814), Mantua, 1786; de Nicolás Étienne Méhul (1763-1817), y de Max Bruch (1838-1920), para coro mixto y orquesta (1875).

