Diálogo de (428- 27-347 a. de C.) que se propone definir la valentía. Lisímaco y Melesias quieren dar una buena educación a sus hijos, y con este objeto solicitan el consejo de Nicias y Laques, ilustres generales atenienses, a quienes se une Sócrates, muy apreciado por Laques, que ha admirado su valor en la guerra.
El ambiente del diálogo es probablemente una palestra, dado que la disciplina sobre la cual los padres piden consejo es la esgrima. Para Nicias la esgrima es una función importante en la educación, en cuanto sirve para templar las almas; Laques, en cambio, opina lo contrario. Lisímaco entonces se dirige a Sócrates, el cual, según su costumbre, quiere precisar el tema de la discusión. El objeto de la disciplina examinada es la educación: ahora bien, Sócrates no puede decir que conoce el arte de educar, pero Nicias y Laques, que han dado su parecer con tanto aplomo, deben conocerlo y deben también explicar claramente sus puntos de vista. Nicias y Laques aceptan de buen grado la proposición de Sócrates, dispuestos a una amistosa discusión.
El fin de la educación es la virtud, que hay que definir ante todo, para buscar después cuáles son los medios adecuados para lograrlo. Pero el campo de la virtud es demasiado vasto; limitémonos, dice Sócrates, a definir la valentía, que parece estar más directamente en relación con el manejo de las armas. Laques define la valentía diciendo que es no abandonar el campo de batalla. Pero hay casos, objeta Sócrates, en que se combate huyendo y se decide así la victoria. Además, la definición no es completa y a lo sumo se reduce al aspecto militar de la valentía. Laques intenta entonces identificar la valentía con la firmeza de ánimo , pero si la primera definición era demasiado restringida, ésta es demasiado amplia: el valor es indudablemente algo bello — dice Sócrates — y en cambio hay ejemplos no bellos de firmeza. Para precisar, propone considerar que la firmeza, para ser llamada valentía, debe ir unida a la prudencia. Pero esto llevaría a considerar más valeroso al que, «como un prudente calculador», resiste porque sabe que otro vendrá en su auxilio, y que otras notables ventajas están de su parte, que al que está dispuesto a resistir hasta el fin sin saber todas estas cosas.
Laques reconoce que no sabe expresarse con claridad y le sustituye Nicias, el cual, recordando que Sócrates suele referir la virtud al saber, define la valentía como la ciencia de las cosas temibles; pero con un agudo razonamiento Sócrates demuestra que esta definición demasiado vaga — aunque no desprovista de un fondo de justeza — convertiría la valentía simplemente en la ciencia del bien y del mal: de modo que en lugar de definir la valentía se ha llegado a una definición de la virtud en general, ya que precisamente ésta surge del conocimiento de lo que está bien y de lo que está mal. También Nicias ha sido derrotado y la discusión termina aquí. Este diálogo, indudablemente juvenil, es notable, no sólo por la movida pintura de los caracteres, sino porque enlaza con el Protágoras (v.), perteneciente a aquel ciclo de diálogos breves que le acompañan y que tiende a demostrar la imposibilidad de definir la virtud.
G. Alliney

