Lamiel, Stendhal

Novela inacabada de Henri Beyle, llamado Stendhal (1783-1842), escrita en 1838-40 pero no publicada hasta 1889. Es notable, como el Luden Leuwen (v.), sobre todo por la amplia pintura del ambiente de provincia bajo el reinado de Luis Felipe, y por los rasgos caricaturescos con que es­tán trazadas las figuras y situaciones: añá­danse elementos de aventura, que no faltan en la misma Cartuja de Parma (v.), y aquí están llevados hasta un tono rocambolesco excepcional.

Lamiel es la heroína del libro, expósita adoptada por una honrada familia de Carville, un pueblo de Normandia. Des­pués de haber mostrado el triste mundo provinciano bajo la reacción realista y cató­lica, el autor hace de la pequeña protago­nista una rebelde, y la hace, decir palabras y razonamientos amargos y apasionados. Como los héroes mayores de Stendhal, Lamiel sueña en un mundo todo suyo, hecho de pasiones, conquistas y luchas. Mientras tanto, hacia los quince años de edad, logra cambiar de ambiente. La duquesa de Miossens, castellana del pueblo, la toma como lectora y la enseña a comportarse en socie­dad. A pesar de todo, la joven se aburre, y el doctor Sansfin, jorobado y deforme, empieza a pervertirla, exponiéndole ideas cínicas y malsanas. Lamiel las acoge con una sonrisa de decidida superioridad y se burla del hipotético seductor. No necesita los atractivos del sentimiento ni cae en inútiles romanticismos: paga con quince francos contantes y sonantes las enseñanzas que se hace dar por un muchachote estú­pido y fornido, en una escena que figura entre las más causticas y singulares que ha dejado Stendhal.

Así pasa el tiempo hasta que Lamiel se hace raptar por Fedoro de Miossens, hijo de su protectora. Pero en París le abandona y no tarda en buscarse una nueva vida: el conde de Aubigné Nerwinde le abre camino a ambientes de co­rrupción, donde su travesura y su inteli­gencia le valen pronto un nombre. En este punto se interrumpe la novela. Por los frag­mentos dejados por Stendhal, se ve que la joven, de aventura en aventura, se ena­mora de un vagabundo, Valbayre, también hombre excepcional, como ella, que «quie­re hacer la guerra a la sociedad» y le ayu­da incluso a llevar a término un delito. Luego vuelve a encontrar al doctor Sansfin; se reconcilia con Miossens, y a la muerte de la duquesa, logra que éste se case con ella. Pero cuando vuelve a ver a Valbayre renace su antigua pasión y huye con él, hasta que es detenida y condenada a muer­te por asesinato: pero incendia el juzgado y perece entre las llamas.

Este drama mues­tra hasta qué punto el escritor se complace en la ficción novelesca, del mismo modo que el interés por la pintura de la sociedad contemporánea le impulsaba a descripciones y digresiones de toda clase. El hecho mismo de que la obra quedase por terminar ex­plica la escasa consistencia narrativa de la acción. Esta Lamiel (llamada primero Amiel por su autor) es un notable testimonio de la actividad narrativa de Stendhal y en­cuentra su razón de ser en un mundo que cuenta con amplias pinturas de ambiente y figuras excepcionales, desde el Rojo y Ne­gro (v.) a La Cartuja de Parma (v.), y par­ticularmente al Luden Leuwen (v.). C. Cordié

Es la Ilíada de las pasiones libres: orgu­llo, amor, venganza, se hacen la guerra sin cuidarse del universo político. (Alain)