Lamentos por la Pérdida de Constantinopla, Anónimo

[Conplants per la pérdua de Contestinople]. Poema anónimo ca­talán, compuesto de cuarenta octavas y tornada. Se conocen de él tres copias ma­nuscritas, una de las cuales, la del cancio­nero catalán de Zaragoza, ha sido publicada en la edición de este cancionero. Puede verse un extenso análisis de este poema en J. Massó Torrents, Quarante octaves à la perte de Constantinople («Miscelánea dedi­cada a Sp. Lambros», Atenas, 1935). El tí­tulo más adecuado para esta obra es el que lleva en el manuscrito de la Universidad de Barcelona: Complants per la pérdua de Contestinoble. Las primeras estrofas son, en efecto, una lamentación por la caída de esta ciudad. El poeta se dirige después a Constantino y le pregunta por qué la fundó en frontera, para ser puerta para tantos infieles. Sigue el relato de la invasión, con todas sus violencias y los escarnios de los asaltantes a las cosas sagradas. En último lugar el poeta se dirige al papa, empera­dor, reyes y principales príncipes cristia­nos, para que, abandonadas sus querellas, emprendan la cruzada. Con especial efu­sión se dirige a los catalanes, «oh germans cars», excitándoles a terminar sus disen­siones y a que se apresten a vengar la san­gre troyana. La tomada es una súplica a la Virgen. El autor de esta obra no fue poeta de altos vuelos, aunque sí parece hombre erudito y percatado de la gravedad que la caída de Constantinopla, puerta de Orien­te, tenía para Europa. [Trad. castellana de Sebastián Cirac Estopañán en La caída del Imperio Bizantino y los españoles. (Barce­lona, 1954), págs. 101-110].

P. Bohigas