[La Nouvelle Héloïse]. Novela epistolar de Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), publicada en 1761. El éxito fue inmenso, especialmente en los ambientes aristocráticos; como dice el mismo autor, era necesaria una delicadeza de tacto, que se adquiere sólo en la educación del gran mundo, para advertir la finura de que la obra está llena.
Exalta el amor y la amistad, «ídolos» del corazón de Rousseau, en dos personajes ideales que se complace en pintar con las imágenes más seductoras. La inspiración de la novela es más que subjetiva, la intención- es moral. El amor de Julia y de Saint-Preux (v.), exacerbado por los obstáculos puestos por las familias, corresponde por completo al amor de Jean-Jacques y de la D’Houdelot y, como en la correspondencia de Rousseau con su amada, también en la novela se combinan el intelectualismo y el racionalismo erótico.
Julia d’Étanges ama, y es correspondida, a su preceptor Saint-Preux, pero las conveniencias sociales separan a los jóvenes. Saint-Preux se aleja de Suiza y va a París, mientras Julia se ve obligada por sus padres a casarse con el anciano señor de Wolmar. Aun cumpliendo con todos sus deberes de esposa y madre, Julia no puede olvidar a Saint-Preux y en su lealtad siente la necesidad de confesar sus sentimientos a su marido.
El señor de Wolmar, para testimoniar a su mujer y a su amigo la estima que siente por ellos, invita a volver a Saint-Preux, que entretanto ha viajado por Europa y América, y le ofrece hospitalidad en su propia casa. Después de un invierno pasado con los Wolmar, Saint- Preux vuelve a marchar, pero pronto es reclamado por una carta de Clara, prima de Julia, quien está moribunda después de haber salvado a uno de sus hijos que cayó en el lago.
Antes de morir, suplica a Saint- Preux que se quede en su casa para ocuparse de la educación de sus hijos. La novela está formada no sólo de cartas de los dos protagonistas, sino de las de Clara d’Orbe a Julia, de lord Eduardo Boston a Saint-Preux y del señor de Wolmar. Saint- Preux, en sus peregrinaciones en busca de paz y olvido, a menudo tiene ocasión de observar las costumbres y leyes de los diversos pueblos y compararlas con las de Francia y particularmente con el París del siglo XVIII.
El autor habla y expresa sus juicios a través de las cartas del protagonista, que siempre exaltan la vida campestre y primitiva, y colocan junto al ideal de la prudente liberalidad y generosidad del pueblo inglés, la sencillez de las costumbres y la justicia social de Suiza. La novela, que hoy nos parece de una lentitud exasperante, contiene páginas descriptivas de lozana belleza y que encierran en sí los elementos destinados a ser elaborados y orquestados por los románticos. Proceden evidentemente de esta obra algunas páginas de Chateaubriand y de Lamartine y ciertas novelas de Mme. de Staël y de George Sand.
En cambio, los contemporáneos apreciaron en La nueva Eloísa no sólo el relato de un amor desgraciado, sino las disertaciones sobre los más diversos temas políticos, religiosos, filantrópicos y pedagógicos, escritos con el énfasis sentimental tan caro a la época. La nueva Eloísa contribuyó, junto con el Emilio (v.), a crear a Rousseau la fama de revolucionario que le costó primero la expulsión de Francia y luego de Suiza, obligándole a refugiarse en Inglaterra, lo cual contribuyó no poco al grande y rápido éxito del libro.
[La primera versión castellana es la traducción magistral del abate José Marchena publicada anónima bajo el título Julia o La nueva Eloísa (Bayona, 1814) y reimpresa innumerables veces en Burdeos y Tolosa, hasta que pudo publicarse en España, donde fue impresa por vez primera en Barcelona (1836). En ese mismo año apareció la excelente versión de José Mor de Fuentes (Barcelona, 1836-37)]. S. Spellanzon
La nueva Eloísa es, sobre todo, una novela filosófica: una gran cantidad de prolemas sociales y morales son planteados, discutidos, resueltos en cartas particulares; y la misma novela, en el conjunto de su desarrollo, demuestra una de las tesis favoritas de Jean-Jacques. (Lanson)

