De la Naturaleza, Parménides de Elea

Poema filosófico de Parménides de Elea (siglos VI-V a. de C.), que ha llegado a nosotros en fragmentos con­servados por Sexto Empírico, Simplicio, Proclo, San Clemente de Alejandría y otros.

El autor es conducido por unas yeguas dotadas de razón al palacio de la Diosa (¿la Verdad?), la que le comunica una doble doctrina. Según la doctrina de la Verdad, son falsos lo múltiple, el movimien­to y todas las distinciones que aparecen a los sentidos de los hombres; real y verda­dero sólo es el Ser, uno, sin distinción, eterno, inmóvil, simétrico consigo mismo; el no Ser no existe.

Para dar una explica­ción aparentemente racional al testimonio de los sentidos humanos, la diosa enseña una segunda doctrina, la doctrina de la Opinión, la cual es, empero, falsa: admi­tiendo una cierta realidad para el no Ser, el mundo (aparente) es engendrado por dos principios: la Luz y las Tinieblas, los cuales, en colaboración, han dado origen a todas las cosas; la necesidad está en el centro y estimula la atracción de los sexos, de donde nacen todas las cosas.

Es difícil valorar el fragmento: ¿por qué tras la doctrina de la Verdad está la doctrina de la Opinión? ¿Por qué exponer una Cosmo­logía después de haberla negado? Se puede responder que tal Cosmología explica la opinión con la opinión, y a ella se contra­pone la «Verdad», esto es, el análisis ló­gico de conceptos puros, de que se vale la Cosmología. Y como tal análisis pone en evidencia las contradicciones de la opinión, con Parménides comienza la antinomia ra­zón-opinión, que constituyó el problema fundamental del pensamiento griego clásico.

G. Preti

Con Parménides se elevó por primera vez la filosofía a la esfera del ideal. (Hegel)