La Mujer de Treinta Años, Honoré de Balzac

[La femme de trente ans]. Título de una no­vela de Honoré de Balzac (1799-1850), pu­blicada por primera vez en 1831 y varias veces retocada, siendo su versión definitiva la de 1834. Es una de las primeras mani­festaciones importantes del genio narrativo del gran escritor.

En una serie de cuadros sueltos, nos muestra la vida de una mujer, Julie, la protagonista, se nos aparece al principio, en 1813, enamorada de un bri­llante oficial, lejano pariente suyo, Víctor, conde de Aiglemont. El padre de la jovencita, un viejo gentilhombre enfermo, que conoce la profunda delicadeza del alma de su hija y la profunda vulgaridad de Víctor, trata en vano de oponerse a dicho amor; meses más tarde ambos jóvenes están ya casados; la fatal incompatibilidad de caracteres (complicada, por parte de la mujer, con una verdadera repulsión física) atormenta cruelmente a Julie y perjudica su frágil constitución.

La situación es trá­gicamente agravada por el gran amor sen­timental de la protagonista hacia un joven aristócrata inglés, Arthur Ormand, amor al que ella resiste con todas sus fuerzas y que provoca, en una serie de incidentes ultra- novelescos, la muerte de Arthur. Después de aquella tempestuosa juventud, volvemos a encontrar a Julie a los treinta años, en pleno florecimiento de su belleza, resig­nada ya incluso a las esporádicas infide­lidades de su marido y dispuesta a tratarlo como a un buen amigo, y hacerse su aliada en la creciente fortuna política y mundana del mismo. Por su parte, encuen­tra consuelo en un nuevo amor, bastante menos ideal que el primero, con el diplo­mático Charles de Vandenesse, de quien incluso tiene un hijo.

Después de esta pri­mera parte, digna del mejor Balzac, la se­gunda no es más que una serie de caóticos y extravagantes episodios dramáticos, que tienden a demostrar que la pobre Julie en vano ha esperado construir su felicidad violando las leyes humanas y divinas. Asis­timos así al trágico naufragio de su hijo, fruto de la falta. Luego, diez años más tarde, la hija mayor huye con un bando­lero que Víctor de Aiglemont, por casuali­dad, hospedó en su palacio, y su mismo esposo, arruinado, marcha a América para rehacer su fortuna; allí encuentra a su hija casada con un corsario. Finalmente, Julie, que permanece con la última hija, muere de dolor al darse cuenta de que aquélla está llena de ingratitud y licen­ciosidad.

En su excesiva abundancia, la novela se presenta como un ejemplo típico del volcánico genio de Balzac en las pri­meras pruebas de su fulgurante carrera, y evidencia con claridad ejemplar sus mé­ritos y defectos. Todas las ideas y los mo­tivos de su arte se afirman con vigor ca­racterístico y se multiplican con pintoresco desorden. [Trad. castellana de A. Bon (Ma­drid, 1933)].

M. Bonfantini