La Mandrágora, Nicolás Maquiavelo

[La mandragola]. Comedia en cinco actos de Nicolás Maquiavelo (Niccolò Machiavelli, 1469-1527), escri­ta probablemente hacia 1520.

El argumento que utiliza remotos temas de leyenda y aborda modos recientes de la novelística, se refiere a una burla que el enamorado Callimaco juega a Nicia Calfucci, esposo de la bella y honesta Lucrezia. Nicia, viejo rico, estúpido, papanatas y dado a mostrar­se como experimentado de las cosas, desea tener un hijo, a toda costa, tras muchos años de matrimonio estéril. Lo conseguirá Callimaco, fingiéndose médico, con la ayuda del gorrón Ligurio, del fraile Timoteo, de la propia madre de Lucrezia y de una po­ción de mandrágora; y como ésta tiene el poder de envenenar al primero que se acer­que a la mujer que la bebe, seducen una noche a cierto joven desconocido (que no es sino Callimaco disfrazado) y lo llevan al aposento de Lucrezia. Entonces Callimaco se descubre e implora perdón y amor. «Puesto que la astucia — responde Lucre­zia —, la estupidez de mi marido, la sim­pleza de mi madre y la maldad de mi con­fesor me han llevado a hacer lo que nunca hubiese osado por mí misma… yo te tomo por dueño, patrón y guía. Tú, mi padre y mi defensor: para ti quiero que sean todos mis tesoros».

La decisión consentida y apa­sionada de Lucrezia, aceptando al varón que se le ha impuesto, no sin dibujar una sonrisa de malicia rebelde («quiero pensar que viene por orden celestial, y si así lo quiso, no puedo recusar lo que el cielo desea que acepte») emprende animosamente el nuevo sendero que le corresponde andar, dilata en un tono nuevo y con un amargo encanto la premisa fabulosa de la poción mágica y el tema del amor que viene de lejos; pero el halo fabuloso, lo precedente y la continuación voluptuosa y encubierta, son los paréntesis de apertura y cierre de la trama cómica, que cristaliza en una mag­nífica definición de los personajes el juego de la burla carnal. Cada uno’ de ellos, y especialmente el doctor Nicia y el fraile Timoteo, pertenecen a la convención no­velística y teatral. Pero encerrados como se hallan por una observación tan preocu­pada por hacerse cruel, se transfiguran en poderosas imágenes poéticas, aniñado el uno, dentro de su fantasía, que aun deli­berada, es trastornada por un delirio am­bicioso y una predisposición para pactar con el delito y no se preocupa de los daños inferidos a los demás ni, a fuerza de nece­dad, advierte el daño propio; el otro, igno­rante de toda fe religiosa, abrumado por la incoherencia y la ineptitud, pero siem­pre atento y dispuesto a traducir en uti­lidad inmediata cuanto sobrevive de fe y confianza en el prójimo.

En tal tensión de definiciones características se revela la ac­titud más auténtica del escritor moralista y político, que sigue muy de cerca las imá­genes a fin de transferirlas, de la realidad cotidiana en que las observa, a una esfera de pura fantasía, apremiado por un capri­cho desdeñoso y amargo; pero la estiliza­ción va más allá y persigue una articulación cómica de figuras y juegos escénicos que, en parte, mantiene la firmeza del puro es­tilo manifestándose en muchas fórmulas mediatas y mediocres y, por otra parte, procura que se estabilicen en una tradi­ción. Pero no se limita a esto el comedió­grafo: las aventuras de Lucrezia, si de un lado se muestran rígidas en un juego escé­nico ejemplar, se convierten a la vez en ejemplo de un naufragio de la moral tradi­cional y familiar, al que el moralista asiste con un melancólico y contrariado senti­miento de despedida. [Trad. española de Rafael Cansinos Assens en Obras festivas y escabrosas (Madrid, 1916)].

M. Apollonio

La Mandrágora es la obra de un hombre que si se hubiese dedicado al drama habría logrado, posiblemente, el apogeo. (Macaulay)

En lo cómico de La Mandrágora hay algo de triste y serio, que va más allá de la caricatura y concita al arte. (De Sanctis)

La Mandrágora no nace por diversión de un desocupado sino por la pasión del ob­servador de la humana naturaleza y de la corrupción del mundo, que es como es, y que no logran cambiar nuestros sermones ni nuestros ruegos. (L. Rosso)

La Mandrágora es una obra maestra; tal vez la comedia más importante de la his­toria literaria de Italia. (M. Bontempelli)