La Luz que se Apaga, Rudyard Kipling

[The Light that Failed]. Novela del gran narrador in­glés Rudyard Kipling (1865-1936), publicada en Londres en 1891, después de haber apa­recido por entregas, con un final menos amargo, en el «Lippincott’s Magazine».

Es la historia del ilustrador Dick Heldar que, encontrándose en África por encargo de dicho periódico, durante las guerrillas árabeinglesas del Sudán, es herido en la cabeza, cerca del ojo. De regreso a su patria, en­cuentra a una joven, Maisie, a quien amó en sus años de infancia y muy pronto se reani­ma en él la antigua llama. No sucede lo mismo en Maisie, que persigue, tenaz e in­útilmente, su sueño artístico. Decepcionado, intenta entonces dar un objetivo a su vida trabajando en un cuadro que titulará «La melancolía». Le sirve de modelo una mucha­cha encontrada por casualidad, Bessie, una desgraciada que se instala en su estudio y se convierte lentamente en su genio maléfico, sobre todo desde el día en que advierte que la vista de Dick, sin duda por efecto de la antigua herida, declina rápidamente. Aquí está el núcleo vivo de la novela, en el dra­ma angustioso del artista que siente que se vuelve ciego y quisiera al menos terminar la obra que le dará fama y le elevará ante los ojos de la lejana mujer amada.

Pero Bessie, para vengarse del veto puesto por Dick a la boda de la muchacha con un amigo suyo, destruye irreparablemente el cuadro. Nada le queda, pues, al pintor, pri­sionero en adelante de las tinieblas; ven­cido, reemprende la vida en África, donde encuentra la muerte en una emboscada. Se trata del Kipling de experiencia europea, que ha leído a Maupassant (lo que se ad­vierte, especialmente, en la primera parte del libro, donde están en primer plano Dick y Maisie chiquillos), y por un momento se divierte interrumpiendo la predilecta «story» anglohindú con la novela de estructura oc­cidental. No gana en el cambio, aunque el arte de destacar hechos de crónica diaria para ampliar más tarde el significado, como reteniendo sus ecos de página en página, es siempre el mismo. Por otra parte, tam­bién aquí, en los capítulos africanos, se en­cuentran soldados, bestias de carga, indíge­nas, el material «de fuerza» que muy pronto producirá un Kipling de paso expedito y mano poderosa. [Trad. castellana de César A. Comet con el título En tinieblas (Ma­drid, 1943)].

E. Gara