La clef du caveau]. Curioso y raro libro, puesto bajo el nombre de su recopilador Pierre Capelle (1772/5-1851) pero, en realidad, considerado anónimo. Sin fecha ni lugar (pero reproducido por lo menos en tres ediciones parisienses a lo largo del siglo XIX), contiene exactamente 2.350 «timbres» o sea melodías anotadas por entero, pero sin acompañamiento ni palabras. Están sacadas de óperas, operetas, «vaudevilles», «lieder», «chansons», «bonnettes», etc., y pasaron luego, en distintas ocasiones, a otras óperas, a las revistas y a los vaudevilles, con letras diversísimas. Nadie podría recordar ni una sola de ellas de memoria ni tras una larga investigación; pero La clef du caveau resuelve el asombroso trabajo, respecto a cuantas surgieron entre 1733 y 1826 aproximadamente, mediante dos ingeniosos «registros», y con la recopilación de las poesías, divididas según cierto método; todo ello antecede a esta especie de «diccionario de los plagios».
Puede saberse, por ejemplo, cuándo y dónde fue utilizado el «timbre» de la Marsellesa o el de «Agnès la jouvencelle» del Fra Diavolo (v.) de Auber; por el contrario, para saber de dónde ha sido tomado tal aire de revista, de vaudeville o de opereta basta, en cualquier caso, con recordar el primer verso. Es un libro que ofrece sorpresas a los investigadores de curiosidades. Pero su importancia tiene motivos más serios. El «Caveau», fonda frecuentada por los artistas desde 1733 (en los tiempos de Philidor, o sea en los albores de la verdadera «opéra comique»), se convirtió, con la Revolución y el Imperio, en empresa y título de un club libre a donde los socios, algunas veces músicos famosos, llevaban y ponderaban las canciones de cualquier género que adquirían popularidad (era una manera de hacer la crónica del arte popular) y las registraban. Hasta hace poco tiempo el libro era el precioso y secreto auxiliar de los compositores de revistas y de operetas. Ahora, -que las danzas de nuevo ritmo han hecho envejecer y pasar de moda todo aquel material, La clef du caveau queda todavía como el más perfecto «Quellen-Lexikon» de todo un siglo de música ligera.
E. M. Dufflocq

