La Lámpara Pulimentada, O. Henry

[The trimmed lamp]. Colección de cuentos pu­blicada en 1902 por el escritor americano O. Henry (William Sidney Porter, 1867-1910). El volumen contiene algunos de los relatos más característicos de este genial humoris­ta, que pasa por ser el creador de la llamada «short story».

En la Lámpara pulimentada, dos muchachas campesinas llegan a Nueva York y desde sus primeros pasos en la vida ciudadana revelan la diversidad de sus ten­dencias y temperamentos. Lou, bonachona y poco exigente, trabaja en un taller de planchado, donde gana lo suficiente para poderse comprar todas las chucherías con que le gusta adornarse, y está encantada con sus amores con Dan, un apuesto mu­chacho de modesta condición, honrado y simpatiquísimo. Nancy, en cambio, está em­pleada en una guantería, donde gana muy poco pero, en cambio, ve desfilar a la mejor sociedad; está contenta con aquel empleo mal pagado, pues le permite estar en con­tacto con el mundo elegante. Poco a poco adquiere tal experiencia en los matices de refinamiento que rechaza a un millonario que se ha enamorado de ella porque lo en­cuentra demasiado vulgar. Un día, la que encuentra a este mismo millonario es precisa­mente.

Lou Nancy se entera por Dan, que acude, desconsolado, en busca de ella. Tres meses más tarde, una noche, Lou encuentra a Nancy feliz porque dentro de poco se va a casar con Dan. Un policía que pasa se queda asombrado al ver la extraña escena de una mujer lujosamente vestida que solloza en los brazos de una modesta obrera. En «La última hoja» («The last leaf») nos hallamos en un estudio, donde una joven pintora, Sue, cuida a una compañera enfer­ma, Johnsy; el caso es desesperado, sobre todo porque Johnsy no tiene nada que la haga sentir apego a la vida. La enferma, desconsolada, se pasa el día contando las hojas de una enredadera que trepa por el cristal de una ventana vecina: «Sólo que­dan cuatro hojas; cuando caiga la última moriré». Detrás de aquella ventana vive un anciano pintor que está en la miseria, Behrman, a quien Sue confía su preocupación. Pasan las horas y en la enredadera queda una sola hoja. Johnsy la contempla febrilmente; la hoja, a pesar de la lluvia y del viento, no cae. Poco a poco la enferma va recobrando la esperanza; aquella hoja, con su inverosímil persistencia, le parece un signo divino. Y se halla ya convaleciente cuando Sue viene a darle la noticia de que el viejo Behrman ha muerto de una pulmonía; le habían encontrado desvanecido, empapado por la lluvia, y con la paleta en la mano: había estado pintando en el cristal de su ventana la última hoja que había conservado la vida a Johnsy.

Los cuentos de O. Henry giran casi todos alrededor de la brusca sorpresa final; pero su arte consiste sobre todo en una introspección delica­dísima y comprensiva que hace de estos relatos una obra de gran poesía.

E. C. Croce

La influencia de los relatos de O. Henry sobre la literatura americana ha sido abo­minable; ha introducido una vivacidad ba­rata y la sustitución de la emoción por la ingeniosidad. (L. Lewisohn)