La Juventud, Francesco De Sanctis

[La giovinezza]. Frag­mento autobiográfico de Francesco De Sanctis (1817-1883), dictado por el autor en sus dos últimos años de vida, y publicado póstumo, en 1880 por Pasquale Villari.

La narración abarca desde su nacimiento hasta el año 1843 ó 44 (faltan en ella las indica­ciones cronológicas). Además de narrar las peripecias exteriores del escritor, la obra se propone ser la historia de su formación y del nacimiento y cristalización de sus ideas literarias y estéticas. Después de los primeros años transcurridos en Morra, en 1826 se traslada De Sanctis a Nápoles, jun­to a su tío Cario, y realiza junto a él, sus primeros estudios; pasa después a la escue­la del abate Fazzini, y se entrega apasio­nadamente a la lectura de los filósofos, en­tre los cuales prefiere a Leibniz. De la escuela de Fazzini pasa a la del abate Garzia, «un superviviente olvidado de la esco­lástica», para estudiar Derecho, pero pron­to conoce al marqués Basilio Puoti, apóstol del purismo en Nápoles, y se entrega todo a los estudios de las letras. En 1839, por designación de Puoti, es nombrado profesor en el Real Colegio Militar de Nápoles y abre un «estudio» (esto es, una «escuelas») privada que duró cerca de diez años, has­ta 1848.

En su escuela, la cual especialmente al principio fue casi una dependencia de la de Puoti, De Sanctis revoluciona las ideas de su maestro y establece el funda­mento de sus doctrinas futuras, despren­diéndose cada vez más decididamente del purismo y de los estudios de filología. En efecto, primero intenta reducir a «Ciencia» la gramática, y darle un fundamento lógi­co, después renueva sus ideas acerca de la lengua, poniendo el valor de ella no en la «pureza», sino en la «propiedad» y «vol­viendo su atención más al contenido que a la forma», luego anuncia sus nuevas ideas acerca del «estilo» (a expresar la cosa en su verdad, esto es, en el estilo). De la crí­tica del «estilo» De Sanctis pasa a la de la «retórica», que no consiste en el puro orna­to. sino que «tiene por base el arte del bien pensar»; después a la definición y al estu­dio de los géneros literarios (la poesía y el género narrativo), abriendo nuevos caminos y formulando ideas genialísimas. La escuela, a la cual acudían los mejores jóvenes napo­litanos era no sólo palestra de doctrina, sino también de altísima vida moral. D’Annunzio negó — en sus Notan sobre Giorgione y la crítica [Note su Giorgione e la critica] – valor a la obra de De Sanctis y por lo mismo posibilidad de duración, por­que le faltaba, según él, el sello de la for­ma.

En realidad, se encuentra también en Giovinezza, además de una incomparable elevación moral y un sentimiento de la vida tanto más austero cuanto más ene­migo de vanidad y complacencias, una per­sonalidad de escritor notable y feliz. De Sanctis, enemigo de la prosa artificiosa y trabada, es el creador de una «prosa ha­blada». sencilla, en la cual el pensamiento revive con calor inmediato — aún llevando en sí el sello de una meditación profunda y segura —, y sus Imágenes y bocetos tie­nen como un candor familiar que no nece­sita de adornos ni disciplina para mostrarse noble y selecto.

M. Sansone