La Jacquerie. Escenas feudales, Prosper Mérimée

[La Jacquerie, scènes féodales]. Amplia compo­sición dramática de Prosper Mérimée (1803- 1870), publicada en 1828, que evoca la rebe­lión de los campesinos franceses en el siglo XIV, llamada «jacquerie», de «Jacques Bonhomme», nombre despectivo con el que los señores llamaban a los villanos.

El poder feu­dal está representado por el barón D’Apremont, cuyas vejaciones y crueldad em­pujan a los campesinos a rebelarse. Los guía un monje valeroso, fray Juan; a ellos se unen los bandidos, muchos de los cuales se refugiaron en el bosque a causa de las vio­lencias de los señores. Están con ellos tam­bién numerosos aventureros ingleses, nava­rros y gascones, aunque sólo por sed de bo­tín. La lucha, después de tomado el castillo de Apremont, se extiende a Beauvais, donde los ricos burgueses se ponen al lado de los nobles, y los artesanos al lado de los amoti­nados, y más tarde a Meaux. A pesar de los éxitos, el ímpetu se afloja; los nobles ven­cidos han pedido un armisticio, engañan a los rebeldes y vuelven a armarse, atrayendo a su partido a los aventureros ingleses; la discordia domina en el campo de los campesinos, que por último se levantan contra el mismo fray Juan, dispuestos ya a volver a la opresión. Sin ninguna división en actos, son treinta y seis escenas, otros tan­tos cuadros, cuya excesiva fragmentación no ayuda a crear una impresión unida y fuerte.

La multitud, la época y sus miserias son expresados con vigor; faltan, entre las numerosas figuras, algunas que destaquen y encarnen las pasiones enfrentadas; se echa de menos una mayor concentración de la materia, para dar el sentido de la acción representada. Figuras episódicas, como la hija del barón, son poco consistentes. Sin embargo, este ensayo de plena libertad shakesperiana, de mayor fidelidad a la histo­ria, es muy notable, aun después del Cromwell (v.) de Victor Hugo, y antes del Hernani (v.), que señaló la victoria del teatro romántico, por su compromiso entre el me­lodrama y una parcial aceptación de las formas tradicionales.

V. Lugli