[Geschichte der Pápste seit dem Ausgang des M. A.] de Ludwig von Pastor (1854-1928), erudito e historiador de origen renano, pero austríaco de adopción, publicada en su edición definitiva en 1933, «en 16 volúmenes, había sido originariamente concebida por el autor en seis tomos como un paralelo a la Historia del pueblo alemán desde fines de la Edad Media [Geschichte des deutschen Volkes seit dem Ausgang des Mittelalters, 1878-1888] de su maestro Janssen, y según el mismo espíritu de ésta, es decir, con el intento de arrojar plena luz sobre la vida eclesiástica entre los siglos XV y XVII, valiéndose no sólo de los estudios históricos particulares, sino también, y sobre todo, de las inmensas fuentes que yacían inexploradas en los archivos públicos y privados, y con la profunda convicción religiosa de que este trabajo redundaría en ventaja de la Iglesia y del Papado.
La idea nació en Pastor hacia 1878, cuando acababa de ultimar un trabajo sobre las tentativas de unión entre católicos y protestantes bajo Carlos V, convencido de que la Historia de los Papas de Ranke no hacía bastante justicia a la obra política, religiosa y social del Papado moderno, y que las fuentes consultadas por aquél eran demasiado modestas y unilaterales frente a las que convenía utilizar. Las fuentes principales se hallaban sobre todo en Roma y particularmente en el archivo secreto vaticano: con tenacidad y con el apoyo de autorizadas personalidades eclesiásticas obtuvo el acceso a este archivo, creando con ello un precedente que llevó más tarde a abrirlo a todos los eruditos. La Historia de Pastor es, por tanto, la primera que se ha redactado sobre base documentalmente nueva, con la ambiciosa pretensión de ser exhaustiva por lo que toca al objeto, las fuentes y la bibliografía. En efecto, además de las fuentes vaticanas, Pastor exploró y utilizó sistemáticamente los grandes archivos principescos de Italia, y aun los de Europa entera, así como todas las colecciones de alguna importancia, sin dejar por explorar nada que tuviese referencias aun secundarias con la vida y la obra de los Papas. El primer volumen apareció en 1886 con una amplia introducción sobre el «renacimiento literario en Italia y en la Iglesia» y una ojeada general introductiva sobre el Papado en el período aviñonense y durante el cisma, iniciando el tratado propiamente dicho sobre Martín V y retrayéndole hasta Calixto III Borgia, con un largo apéndice de documentos inéditos, tomados principalmente de los archivos vaticanos.
La atmósfera alemana estaba todavía cargada de las pasiones religiosas desencadenadas por el «Kulturkampf» bismarckiano, y los declarados intentos apologéticos del autor no permitieron a los representantes oficiales de la cultura universitaria alemana apreciar debidamente la obra del joven historiador. Entre la exaltación de los unos y las críticas de los otros, la obra se imponía como superior a la de Ranke, sobre todo por lo vasto de sus perspectivas y de su documentación. En 1889 apareció el segundo volumen (de Pío II a Sixto IV) y en 1897 el tercero (de Inocencio VIII a Julio II). Estos últimos — así como el siguiente, dedicado a León X, Adriano IV y Clemente VII, es decir a los papas de la casa de Médicis — fueron la prueba de que Pastor, aun manteniendo inmutable su fe religiosa en la santidad de la institución papal, no trataba, sin embargo, de velar ni de excusar la corrupción de los papas y de los cortesanos de la era renacentista, publicando documentos decisivos contra toda piadosa tentativa de salvar la fama del papa Alejandro VI y dé su familia. El material crecía incesantemente entre las manos del sabio historiador y no resistió a la tentación de darlo a conocer aun a costa de salirse de los límites de su programa inicial. Así que los volúmenes, de tamaño cada vez mayor, se sucedieron: a los papas de la Reforma y de la restauración católica siguieron los de la edad del absolutismo, llegando con Pío VI a los umbrales de la era napoleónica. Los últimos volúmenes, relativos a los papas del siglo XVIII, fueron publicados póstumos, según manuscritos dejados por el autor a la biblioteca vaticana, dando lugar a polémicas entre jesuitas y franciscanos conventuales a propósito del verdadero pensamiento de Pastor sobre Clemente XIV, el conventual que firmó la bula de la suspensión de la Compañía de Jesús en 1774.
El procedimiento de Pastor al tratar de cada papa en particular se mantiene constante, aun tratando de ampliar el cuadro para recoger todas las noticias reunidas por su erudición. Examina la elección de cada papa, deteniéndose ampliamente sobre los manejos del cónclave, sobre su vida anterior, sus relaciones de parentesco, su vida privada como pontífice, su acción religiosa y propiamente eclesiástica a través de los oficios de la Curia, las órdenes religiosas, el episcopado, sus relaciones políticas con las diversas naciones, el gobierno del estado pontificio, el mecenazgo en el campo de las ciencias y de las artes. La narración avanza con agilidad, ya que las consideraciones eruditas y las polémicas se tratan en amplias notas marginales, y los documentos inéditos se reproducen en apéndices. Especialmente en los últimos volúmenes, Roma ocupa un puesto bastante notable en la narración de Pastor, que hace revivir toda la vida de la ciudad, llena de contrastes, a la vez disipada y austera, mundana y espiritual. Las innumerables figuras de hombres de Iglesia y de Estado, de doctores y de artistas, de soldados y de agitadores, de ascetas y de misioneros, que como una inmensa galería literaria desfilan ante el lector, están tratados con viveza, vigor, precisión, sobre el fondo de su tiempo y en el cuadro ambiental que les es propio; por eso son también frecuentes las páginas de valor literario (los retratos de los campeones de la restauración católica han sido también publicados aparte). El defecto fundamental de Pastor consiste en un excesivo abandono a las fuentes que caen en sus manos, hasta el punto de hacer suyo el punto de vista particular de cada una: esto, naturalmente, le impide aquella independencia de juicio que sólo permiten la distancia y la perspectiva.
Por otra parte, la multiplicidad de los temas y su preocupación por investigarlo todo, fuentes y bibliografía, le obligaron a valerse de colaboradores, en gran parte jesuitas, que fatalmente han dejado en las partes, que si no redactaron, prepararon al menos, la marca de su personalidad y de sus preferencias. Pastor fue, sobre todo, un erudito y un recolector; su obra permanece fiel desde el principio hasta el fin a su programa y a su método, combinando la libertad de la documentación y del juicio particular con su declarada finalidad apologética de exaltar al Papado. Toda la vida de la Iglesia se refleja en sus volúmenes, aunque en ellos queda más testimoniado lo externo que lo que obra en silencioso recogimiento. Precisamente ésta es la característica negativa de toda la Historia de Pastor: que en ella se refleja más la historia exterior de la Iglesia que la interior, la historia diplomática de la acción papal que la progresiva expansión del fermento evangélico en las almas. Sin embargo, ningún otro libro expresa mejor el sentido del elemento humano en relación con el divino en el Papado desde el Renacimiento en adelante; ningún libro testimonia como éste el esfuerzo gigantesco de la Iglesia para resistir a las crisis interiores del siglo XVI, para restaurarse como doctrina, como organización y como expansión en los siglos sucesivos, en un mundo desconfiado y hostil como fue el de la Restauración católica y el del Absolutismo. [Trad. por el P. Ramón Ruiz Amado y por los PP. José Montserrat y Manuel Almarcha (Barcelona, 1910-1950)].
M. Bendiscioli
* El jesuita H. Grisar (1845-1932) emprendió la tarea de componer una Historia de Roma y de los Papas en la Edad Media [Geschichte Roma und Pápste im Mittelalter], publicada en Friburgo en 1901, en competencia con la Historia de la ciudad de Roma en la Edad Media (v.) de Gregorovius, para servir de comienzo a la de Pastor. No pasó, sin embargo, de los dos primeros siglos.
M. Bendiscioli
* Otro discípulo de Pastor, J. Schmidlin, intentó continuar la historia de su maestro desde 1800 hasta el presente, con el título de Historia de los Papas de la época contemporánea (1933-40), pero quedó muy por debajo del modelo, y sustancialmente falló en su intento. Por ello, la obra de Pastor continúa siendo única en su género y en su extensión.
M. Bendiscioli

