La Gruta de Trofonio, Antonio Salieri

[La Grotta di Trofonio]. ópera cómica en tres actos de Antonio Salieri (1750-1815), con libreto de G B. Casti, estrenada en Viena, el 12 de octubre de 1785. Entre las numerosas obras de Salieri, la Grotta di Trofonio es una de las que tuvieron mayor éxito en los esce­narios vieneses de su época.

La escena se sitúa en Beocia, parte en la casa de campo de Aristón, parte en el vecino bosque donde está la famosa gruta de Trofonio. Aristón, padre de dos gemelas, Ofelia y Doris, quie­re dar marido a sus hijas. La primera, de carácter meditativo, ama al pensativo Artemidoro; la segunda, más despreocupada, está, en cambio, enamorada del alegre Plistenes. El padre consiente en las bodas, pero Artemidoro y Plistenes, que han entrado en el antro de Trofonio mientras éste está evocando a los espíritus, salen con el ca­rácter cambiado: tétrico Plistenes, alegre Artemidoro. Se encuentran con sus novias después de la transformación, y son recha­zados por las muchachas, que no reconocen en ellos a sus amados. Desesperados, los dos jóvenes vuelven de nuevo a la gruta, donde cada cual recupera el carácter de antes. Pero poco después las dos muchachas que han penetrado también en el bosque, son atraídas por Trofonio a la gruta, y ex­perimentan el mismo cambio de humor, por lo cual huyen otra vez de sus novios. Al fin todo se arregla. Artemidoro se pone de acuerdo con el mago; gracias a sortilegios de éste, Ofelia y Doris vuelven a ser las de antes y las dobles bodas pueden ser de este modo alegremente celebradas. La tra­ma y su desarrollo son característicos de la Arcadia literaria.

En cuanto a la música, la obertura es indudablemente la página mejor de la ópera: comprende los diversos temas, comenzando por el de Trofonio cuan­do evoca los espíritus; unos recitativos instrumentales alternan luego con movimien­tos de tono juguetón campestre o de ca­rácter grotescamente grave. Esta obertura, importante por la riqueza de su elaboración en contraste con lo que era usual en su época, sólo es comparable por su madurez de forma con las de las últimas óperas mozartianas. En cambio, es inferior el va­lor musical de los dos actos; aunque con­tienen muchas melodías, distribuidas con su habitual riqueza, la música acaba por ser una ecléctica mescolanza entre lo serio y lo jocoso. Con todo, Salieri demuestra en su recitativo instrumental y en la forma de su acompañamiento, su temperamento polifacético y fecundo, su experiencia y ha­bilidad en la técnica del nuevo estilo dramático, por más que en su fuerza dramá­tica se advierte la sombra de Gluck y en su sonrisa un reflejo de Mozart.

N. Del Mestre