[La Cité des Eaux]. Recopilación de poesías de Henri de Régnier (1864-1936), publicada en París en 1907. La parte más original, que da el título al volumen, está dedicada a la magnificencia de Versalles y a los recuerdos históricos del Palacio. El poeta, con la nostalgia de un mundo para siempre en el ocaso, se dirige a las fuentes, a las estatuas, a los árboles del parque, para revivir la dulzura del aura del siglo XVIII, que todavía se refleja en ellos. Versalles ya no tiene sobre la corona de los reyes los lises que la adornaban antaño, y la ninfa que hablaba por boca suya ha callado definitivamente. Pero en la admiración de los descendientes, angustiados por una triste realidad contemporánea después de la ruina del antiguo régimen y la aurora sangrienta del nuevo, la espléndida ciudad de las fiestas, de los bailes y de los paseos solitarios vuelve a soñar el momento de su inolvidable felicidad («Salut á Versailles»). Así, en varios sonetos dedicados a partes del palacio — la fachada, la escalera — o a las fuentes y a las estatuas, el poeta cincela con refinada finura los esplendores de aquel mundo, y el delicado suspiro de una edad lejana se refleja en la contemplación de lo moderno que quiere hacer suya una lección de belleza: único retazo de una cruel Historia. Otros ciclos de poemas («Le sang de Marsyas» y «Ode et poésies», en particular) acentúan la habilidad estilística de De Régnier, poeta finísimo en los particulares momentos descriptivos, tanto como carente de verdadera armonía de creador. Son especialmente notables aquellos por los que desfilan ninfas y sátiros mostrando el ferviente y mesurado clasicismo al que ha llegado el poeta ya simbolista. Bastante interesante, incluso en comparación con otros poetas y, en particular, con el d’Annunzio de Alción (v.), es «Le centaure blessé», que pertenece a otro grupo de poesías, las «Inscriptions lúes au soir tombant». Testimonian un tenaz amor a un país a menudo visitado, por sus bellezas de arte y sus recuerdos históricos (v. también El pasado vivo), los «Quatre poémes d’Italie», en los que se cantan en especial los esplendores de Roma, Verona y Venecia.
C. Cordié

