[L’alegria que passa]. Cuadro lírico en un acto del pintor, comediógrafo y narrador catalán Santiago Rusiñol (1861-1931), con música del maestro Enric Morera. Escrito en Sitges, se publicó en Barcelona en 1898 y se estrenó, poco después, en el teatro Líric de Barcelona, en la segunda de las sesiones del «Teatre Intim» que dirigía A. Gual. Al ofrecerse al gran público, en el teatro Tívoli, el día 8 de enero de 1901, alcanzó un éxito extraordinario. La acción se desarrolla en «un poblé indiferent, vulgar, ensopit». El autor dibuja la vulgaridad y el adormecimiento de este pueblo con una caricatura de tipo trascendente, pero sin la menor amargura. El personaje abúlico de Tófol, así como el del Alcalde, son típicos de este pueblo sin ideales, aferrado a una vida material e indiferente. Pero Joanet, el hijo del Alcalde, «jove de poblé que ha llegit i s’ha omplert el cap de cabóries mal pa’ídes», se siente oprimido por este ambiente de vulgaridad y aspira a una vida de libertad más rica en matices. Sobre este elemento estático incide, en un momento dado, un elemento dinámico: la farándula, compuesta par un Clown, Zaira (danzarina y cantante) y Cop-de-Puny (el Hércules).
Joanet se siente atraído por ellos. Con el Clown sueña en una vida de ilusión y de libertad. Con Zaira, surge una corriente de simpatía, aun cuando ésta se sienta atraída por la vida tranquila del hogar, vulgar e impersonal, que tanto irrita a Joanet. Cop-de-Puny, dueño de Zaira, les sorprende, separa a los jóvenes y castiga a la muchacha. Pero va a comenzar ya la representación. Cop-de-Puny realiza unos juegos gimnásticos que son la delicia del pueblo. Zaira canta una melancólica canción, que el pueblo, con su vulgaridad, no acierta a comprender. Los cómicos piden la recompensa. Zaira, ante Joanet, se azara, y al recibir de éste una peseta, la rechaza. Cop-de-Puny la golpea. Joanet la defiende. El público se indigna con los comediantes. El Alcalde los expulsa: «quien desprecia el dinero no puede permanecer en este pueblo, ya que el dinero es lo más sagrado que tienen». El Cíown, con su mejor sonrisa, les devuelve el dinero. Los cómicos marchan y la comedia termina con la vuelta a la vulgaridad y a la monotonía. «La alegría ha pasado».
J. Molas