François de Malherbe

Nació en 1555 en Caen y murió el 16 de octubre de 1628 en París. Pertenecía a una familia de magis­trados, y, contrariamente a su padre, con­vertido al protestantismo, y a cuatro de sus ocho hermanos menores, bautizados en el seno de la Iglesia reformada, permaneció fiel a la religión católica. Estudió en Caen, en París y en las universidades de Heidel­berg y Basilea; conservó la moderación y el sentido práctico de los normandos, y ad­quirió el gusto por el razonamiento y la crítica propio de los luteranos. A causa de las divergencias con sus familiares y el desengaño debido a la muerte de Geneviève Rouxel, que le inspiró sus primeros versos, en agosto de 1576 abandonó su ciudad natal y marchó a Provenza como secretario del conde Enrique de Angulema (hijo natural de Enrique II), que fue a combatir a los hugonotes del Venaissin. En Aix contrajo matrimonio en 1581 con Madeleine de Coriolis, de la cual tuvo tres hijos que le pre­cedieron en la tumba.

Aún vivo su dolor por la muerte de la pequeña Jourdaine (1599), compuso las estrofas de Consolation à du Périer (v. Estancias), quien, a su vez, había perdido una niña de cinco años. En 1586 falleció su protector, el conde de Angulema, y MALHERBE permaneció algún tiempo en Caen junto a su familia y en condiciones más bien difíciles; el pequeño poema Les larmes de Saint-Pierre, primer ensayo de poesía encomiástica dedicado a Enrique III (1587), le procuró una suma de dinero pronto gastada. En 1595 volvió a Provenza, donde vivió casi ininterrumpidamente por espacio de unos diez años. En 1600 leyó en Aix la Ode à la reine Marie de Médicis sur sa bienvenue en France; por aquel en­tonces había logrado ya, tanto en el terri­torio provenzal como en Normandia, una gran fama literaria. Empezó así su buena fortuna: Du Perron, obispo de Evreux y consejero del soberado, habló de él a éste; Vauquelin des Yveteaux presentóle a En­rique IV, y María de Médicis le apoyó.

Lla­mado por el rey a París (1605), compuso la Prière pour le roi se rendant en Limousin, con lo que inició su actividad de poeta oficial y de escudero del duque de Bellegarde, gran escudero del monarca. Parece no haber sido ajena a tal nombramiento cierta semejanza, física y moral, con el so­berano — mezcla de raciocinio, sensualidad y amor al orden y al placer —, que andando el tiempo se acentuó. Perfecto cortesano, muerto Enrique fue el poeta favorito de María de Médicis, la cual le concedió una pensión durante la regencia que ejerció en la minoridad de Luis XIII. Acostumbróse muy pronto a los hábitos de la corte, y, puesto asimismo su ingenio al servicio de los amores reales, compuso poemas galantes para el monarca. Para demostrar su origen noble cambióse por De Malherbe su apellido inicial Demalerbe; por otra parte, mantuvo intrigas amorosas con damas de alta alcur­nia, como la vizcondesa de Auchy y la mar­quesa de Rambouillet. Dejó una valiosa do­cumentación del ambiente cortesano en Gazettes, animadas y espontáneas cartas a familiares y amigos.

Célebre en la corte por sus dichos ingeniosos, no lo fue menos por la intransigencia con que juzgó a los malos escritores (entre los cuales hay que incluir a Yveteaux, a quien parece deber su for­tuna). Tras varios años de una vida feliz en su dictadura literaria casi indiscutida, acabó sus días torturado por el afán que le inducía a vengar la muerte violenta de su hijo Marc-Antoine, acontecida en 1627 en el curso de un duelo. Además de las obras mencionadas cabe recordar sus grandes Odas (v.)—au Roi Henri le Grand sur la prise de Marseille (escrita entre 1596 y 1605), A la Reine, mère du Roi, sur les heureux succès de sa régence (1610), y au Roi Louis XIII allant châtier la rébellion des Rochelois (1628) —, las traducciones de Tito Livio y Séneca, y el Commentaire sur Des­portes. La primera edición de las Œuvres de Malherbe apareció en 1630. Nuestro autor fue un apasionado hombre de letras, reco­nocido pronto maestro y árbitro en las cues­tiones de lengua, métrica y estilo, y deno­minado «reformador del Parnaso francés» por la perfección estilística a la que elevó la poesía.

Temperamento brusco y exclusi­vista, ya a raíz de su llegada a la capital de Francia (1605) inició una lucha injusta y cruel contra los poetas de «La Pléiade», singularmente contra Ronsard, de quienes condenó, en nombre de un clasicismo for­mal, el empleo de los términos arcaicos y técnicos, las inversiones, las rimas fáciles y el desorden de las censuras. Tuvo más enemigos que discípulos. Entre los primeros figuraron Mlle, de Gournay, la «filíe d’al­liance» de Montaigne, Mathurin de Régnier, Théophile de Viau, etc.; en el grupo de los otros hubo François de Maynard, uno de los miembros más antiguos de la Academia Francesa, y el marqués de Racan, académi­co también y biógrafo del maestro (Vie de Malherbe, 1651).

L. Fuá