Trilogía de novelas de Sigrid Undset (1882-1949). Esta obra maestra de la escritora noruega, Premio Nobel de Literatura en 1928. ha sido traducida a casi todas las lenguas. La acción se desarrolla a principios del siglo XIV, lo que permite a la autora introducir de modo sencillo y natural su fe católica en la novela.
El primer volumen, La corona, narra la infancia y juventud de Kristin Lavransdatter, la hija del bueno y alegre Lavrans y de la severa Ragnhild, que han perdido todos los hijos que tuvieron antes que Kristin y que la rodean por tanto de cuidados y amor. La hermana de Kristin, la pequeña Ulvhild, cae enferma a consecuencia de un accidente. Lavrans prepara el matrimonio de su hija con Simón Darre, el hijo de un hombre considerado; pero entretanto Kristin es objeto de un escándalo provocado por la muerte de un hombre que se ha batido por ella. Simón Darre aconseja a sus padres que la envíen por un axlo a las monjas de Nonneseter. En esta aldea, Kristin conoce a Erlend Nikulausson y se enamora de él. Ella suplica a Simón Darre que renuncie a su amor, y él, dándose cuenta de la pasión que la joven siente por Erlend, accede. Lavrans ordena entonces a Kristin regresar a la casa paterna; pero cuando Erlend pide la mano de la joven, rehúsa concedérsela, pues Erlend tiene mala reputación desde que fue el amante de una mujer casada, que instaló en su propia casa, y de la que tiene dos hijos.
Erlend quiere entonces raptar a Kristin, que está dispuesta a seguirle, pero son sorprendidos por la amante de Erlend, que, después de una escena violenta, se mata; en tales condiciones no cabe el rapto. Pero una vez tranquilizados los espíritus, Erlend renueva su petición, y el padre de Kristin acaba por ceder. Lleno de aprensión organiza la boda y contempla con vergüenza las miradas inflamadas de pasión que Kristin dirige a su esposo. Sin embargo, él ignora que Kristin espera ya un hijo de Erlend: sólo la madre, Ragnhild, lo ha adivinado. Es esta la razón por la que Ragnhild escoge este día de fiesta y también de duelo para confesar a su marido la causa por la cual ella permaneció triste y sombría después de su matrimonio: había pertenecido a otro hombre antes de la boda, y no se atrevió jamás a pedir a Dios la salud de aquel primer hijo, que ya ha muerto. El segundo volumen, La mujer, nos muestra a Kristin dueña de la mansión de Husoby, donde ha logrado restablecer el orden. A los pocos meses del matrimonio, Kristin tiene un hijo, Naakkve; Lavrans, el padre de Kristin, queda profundamente herido por haber sido engañado por su hija y por haber organizado para ella una boda como si hubiera sido virgen.
Este dolor jamás llegará a borrarse. Con los años crece la familia y nacen nuevos hijos: Bjorgulf, Gaute, los gemelos Ivar y Skule (nacido poco antes de la muerte del padre de Kristin) y finalmente Munan. Kristin halla gran consuelo en sus conversaciones con el hermano de Erlend, Gunnulf, el monje, y con el sacerdote Sira Eilly. Su marido es siempre para ella un poco extraño, no llega a comprender su temperamento insociable y su ligereza, y como ella tiene un carácter difícil y altanero, las disputas son frecuentes entre los dos esposos. Ella ha hecho una peregrinación al día siguiente del nacimiento de Naakkve. para pedir perdón por sus faltas, pero por su parte, jamás llega a perdonar completamente a su marido. Cada vez se transforma más y más en la madre de sus hijos y en la dueña de Husoby y es cada vez menos la esposa de Erlend. A la muerte de su padre recibe en herencia la casa solariega. Mientras tanto, su hermana menor ha casado con Simón Darre, que enviudó de su primera mujer. Así pues, Kristin es ahora la cuñada del hombre que quiso casarse con ella, y que jamás ha dejado de amarla.
Erlend Nikulausson interviene en las intrigas políticas y es descubierto y encarcelado. Kristin se revela entonces como esposa amante y fiel. Gracias a la enérgica intervención de Simón Darre, Erlend obtiene el perdón, a pesar de que rehusó declarar los nombres de sus cómplices. Pero todos sus bienes son confiscados, y en consecuencia se ven obligados a establecerse en Jorundgaard, la casa donde nació Kristin, El tercer volumen, La Cruz, es la historia de la conversión de Kristin. Erlend permanece en Jorundgaard donde se siente como un extraño; no obstante parece resignarse a la fatalidad. Tanto Erlend como Kristin, mantienen buenas relaciones con Simón Darre y la hermana de Kristin. Ram- borg, y también entre sus hijos; pero en el transcurso de una disputa entre éstos, Simón Darre descubre que entre los cómplices de Erlend se hallaban sus propios hermanos. La magnanimidad do Erlend le resulta insoportable, y le revela que jamás lia dejado de amar a Kristin y que no quiere verle más. Los dos cuñados se secaran para siempre. Kristin se inquieta por el porvenir de sus siete hijos — que no podrán vivir todos en Jorundgaard — disputa con Erlend sobre esto y él furioso, abandona Jorundgaard, donde, según él, vive a expensas de su mujer, y se establece en una pequeña granja, Haugen, que le pertenece. Durante largo tiempo espera Kristin su regreso.
Simón muere, y a petición del moribundo, Kristin marcha a Haugen para intentar que vuelva Erlend. Él la recibe con alegría, pero se niega a regresar a Jorundgaard- Kristin espera siempre. Nace un niño, que muere casi inmediatamente. Cuando Kristin lleva a su hijo Munan a tomar su primera Comunión, es acusada de haber tenido este hijo con el administrador, ella no sabe defenderse y sus hijos intentan intervenir en su ayuda, uno de ellos marcha en busca de Erlend, que vuelve para hacerse perdonar y poner fin a los rumores. Su entrevista, por culpa de Kristin, se transforma en disputa: Erlend quiere abandonar una vez más Jorundgaard, pero al quererle detener los campesinos, mata a uno de ellos y él mismo es herido de muerte. Después de la muerte de Erlend, Bjorgulf, que ha quedado ciego, entra en religión con su hermano mayor Naakve, los dos gemelos parten a la aventura, Gaute se hace cargo de la casa y contrae matrimonio y Lavrans y Munan mueren. Kristin queda sola e inútil en Jorundgaard. Efectúa una peregrinación a Rein, donde entra en un convento. Su conversión se ha consumado, pero antes de profesar muere de la peste. Con una naturalidad incomparable y rara inspiración épica, Sigrid Undseí sabe conducir a término esta larga historia de múltiples intrigas. Él interés no desfallece ni un sólo instante. En el centro de este imponente retablo se alza siempre la imponente figura, que no es siempre la más simpática, de Kristin Lavrarsdatter. altiva, orgullosa, pero capaz de un sacrificio sin límites, niña testaruda, esposa a menudo difícil, madre admirable. La parte menos convincente es, con toda probabilidad, la de la conversión de Kristin, o, mejor dicho, su vocación religiosa. Apenas puede imaginarse el misticismo en un alma tan fuertemente enraizada en este mundo y dueña de una tal voluntad. Con arte consumado. Sigrid Undset ha sabido emplazar este relato en una época histórica, sin la menor pedantería, pero con profundo conocimiento de los usos y costumbres.

