Justicia, Herbert Spencer

[The Justice]. Obra de Herbert Spencer (1820-1903), publicada en 1891. Sobre la base de la idea de la evolu­ción, Spencer expresa el principio regulador de la justicia común a todos los seres vivien­tes; «Cada individuo, al efectuar los actos que aseguran su existencia y al recoger libremente los resultados buenos o malos, debe sujetarse a las restricciones que im­pone el cumplimiento de actos del mismo género por parte de otros individuos, que deben con él recoger sus resultados buenos o malos».

Estas restricciones, limitadas, para los animales que viven aisladamente, a la cría de su prole, aumentan gradualmente en la vida asociada, hasta el punto de llegar al sacrificio. En efecto, los intereses de la especie deben siempre prevalecer sobre los de los individuos; lo cual vale para legitimar los vínculos y los sacrificios. En este aspecto, mientras los adultos deben gozar de las ventajas de sus méritos, los niños deben ser ayudados en razón inversa a sus méritos. La justicia se manifiesta como sen­timiento y como idea: como sentimiento está sujeta a la ley de la evolución, por la cual el hombre, a través de varios grados de experiencia social, pasa del estado egoísta (sentimiento del derecho propio) al altruista (sentimiento del mismo derecho en los de­más). La idea de justicia ofrece un aspecto positivo (reconocimiento del derecho de los demás), y uno negativo (conciencia de los límites del derecho propio). Spencer se opone a la doctrina igualitaria y democrá­tica de Bentham (v. Deontología), por ser la que más repugna a la justicia. La justicia tiene precisamente por fundamento las di­ferencias y las variedades individuales, porque a la medida de éstas se eleva a criterio de ventajas o desventajas propor­cionales.

Según la manera de ver del autor, el mejor régimen de justicia es el que él llama industrial, en contraposición al mili­tar. Propugnó, por lo tanto, una forma de liberalismo antidemocrático, fundado en la cooperación libre y espontánea. Este ensayo, en que hallamos varias consideraciones ins­piradas en un elevado sentido de compren­sión humana, demuestra, por otra parte, la pobreza especulativa del evolucionismo con respecto a los problemas jurídicos. No puede menos dé verse en esta tentativa de Spencer el esfuerzo por conciliar antiguos lugares comunes con la evolución. Individualismo y colectivismo hallan amplia acogida en su sistema, pero sin constituir los términos de aquel problema filosófico previo, del que depende la solución de todos los demás problemas prácticos.

A. Repací