Otra oleada de interés por este personaje bíblico se manifiesta en el siglo XIX con la célebre tragedia Judit [Judith] de Friedrich Hebbel (1813-1863). Es su primer drama juvenil, en cinco actos y en prosa, escrito en 1839; una especie de erupción volcánica, que irrumpe con fuerza genial del ánimo oprimido del joven poeta, como para liberarlo de la opresión de las miserias exteriores e interiores. La primera inspiración del drama bíblico de Judit y Holofernes le vino del cuadro de Judit del pintor Giulio Romano de la Pinacoteca de Munich. La elaboración del motivo fue sugerida por lo que Heinrich Heine escribió en su «Salón» acerca del cuadro del pintor francés Horace Vernet.
La fábula es la bíblica. Las escenas del pueblo, con su trágica desesperación, son ricas en movimientos; el mundo bíblico, penetrado del sentido de lo divino, está reproducido magistralmente. La figura de Judit está, sin embargo, muy modificada; por un misterio divino, en su matrimonio ha permanecido virgen y se siente elegida para cumplir por su pueblo la heroica acción. La verdadera tragedia comienza en el acto cuarto, cuando la mujer, en la que se engrandece el sentido divino de su pueblo, se halla frente a Holofernes, el cual, teniéndose por un semidiós, se abandona a sus gigantescos instintos de superhombre, que quiere destruir el mundo, «para que surja algo mejor». En un momento de debilidad femenina Judit cede al demonio de Holofernes, que profana su virginidad. Ella lo mata entonces, no ya por amor a su pueblo y como instrumento de Dios, sino para vengar el ultraje a su feminidad. Desesperada y cargando con todo el peso de su delito, lleva la cabeza de Holofernes a Betulia, y pide al pueblo entusiasmado que la mate a ella también, si su seno llega a mostrarse fecundo. «La rueda del mundo», el sentido trágico de la vida, la ha vencido.
Este drama, en oposición al clásico, ofrece todos los caracteres del «Sturm und Drang» (v.), sin conciliación y sin catarsis. [Trad. española por Ramón M. Tenreiro (Barcelona, 1918). Existe otra versión de Ricardo Baeza y K. Rosenberg (Madrid, 1920)].
C. Basegio-E. Rosenfeld

