Judía de Toledo, Franz Grillparzer

El escritor alemán Franz Grillparzer (1791-1872) escribió una tragedia en cinco actos sobre el mismo tema con el título de Die Jüdin von Toledo [Judía de Toledo]. Concibió la primera idea en 1811-1812, pero no empezó a escribirla hasta el año 1824, terminándola en 1837 y siendo estrenada, póstuma, en 1888. El argumento, entre his­tórico y legendario, está en parte tomado de la obra dramática de Lope de Vega La Judía de Toledo. En el momento de ela­borar la figura de la protagonista, propor­cionó al autor algunos rasgos característicos Lola Montes, la amiga de Luis I de Baviera.

La escena da comienzo en los jar­dines reales de Toledo, donde el mercader judío Isaac, cómica figura magistralmente dibujada bajo el patrón de Shylock (v.) y la hija de sus primeras nupcias, Ester, inteligente y juiciosa, intentan disuadir a Raquel, hija de sus segundas nupcias, del capricho de ver al rey de cerca, puesto que está prohibido a los judíos dejarse ver en los jardines reales mientras están presentes los soberanos. Raquel, criatura mimada pero extraña, toda ella instinto, se obstina en su propósito y, al acercarse el rey Alfonso el Bueno, acompañado de la reina Leonor y los grandes, mientras los guardias persi­guen a los judíos, se arroja gritando a los pies de los soberanos y abraza las rodillas del rey. Éste, fascinado por la belleza sen­sual de la joven y por la expresión dolorosa con que se ilumina la misma belleza en aquel momento de espera y de ansia, la trata con benevolencia y mientras el séquito se aleja indignado, ordena que la hospeden con sus padres en un pabellón del jardín, donde luego la sigue disfrazado. Y allí se deja seducir por las gracias exuberantes de la joven, que a su vez se enamora del rey. Arrebatado por el juego amoroso, el rey olvida sus deberes hacia su esposa, «una rígida y fría inglesa», modelo de grises virtudes, y hacia su pueblo, que está en vísperas de una nueva guerra contra los moros.

Son vanas las amonestaciones de los amigos, ni la llegada de Ester con la noticia de que los grandes del Reino celebran un consejo con la reina y han decretado la muerte de Raquel. Alfonso, furioso, confía entonces la muchacha a un castellano y se dirige a restablecer su autoridad. En una escena dramática con la reina, que le cree hechizado, le promete volver al ejercicio de sus funciones si ella renuncia a vengarse de Raquel; pero la condena denlos nobles ha sido ya ejecutada, y cuando Alfonso vuelve junto a Raquel la encuentra muerta. Pero el hechizo de aquella criatura residía totalmente en su exuberante vitalidad, y frente a los despojos que muestran una expresión malvada, el rey se siente liberado del encanto, comprende su error y, renun­ciando a toda venganza, parte para la gue­rra contra los moros. El drama, en tetrá­podos trocaicos de tipo español (octosílabos) en la primera escena, y en pentápodos yámbicos (endecasílabos) en las demás, es vibrante y lleno de color, sutil en la ex­presión verbal y de penetrante psicología; la figura de la protagonista posee, también escénicamente, una gran vitalidad.

C. Baseggio-E. Rosenfeld