Jerusalén, William Blake

[Jerusalem]. Poema simbó­lico del escritor y pintor inglés William Blake (1757-1827), empezado en 1804 y ter­minado en 1820. Es uno de los Libros proféticos. «Los hombres han olvidado que to­das las divinidades residen en el corazón humano»; tal es la premisa de este drama alegórico consistente en una mezcla de epi­sodios que giran alrededor del conflicto en­tre el eterno Evangelio y la Religión Natu­ral, entre el Perdón y el Castigo.

Jerusalén «Ciudad y Mujer al mismo tiempo» es el más bello símbolo en los más oscuros libros místicos de Blake: deriva de la Biblia (v. Apocalipsis, XXI). Jerusalén es «emanación de Albión»; representa el conjunto de sus visiones; es visión del conocimiento; visión del ideal moral y como a tal representa la perfecta ley de hermandad, el «evangelio eterno». Diametralmente opuesta a la Visión es la Razón, que tiene como agentes al Es­pectro y a la «Falsa Mujer». El Espectro es elaborado después en el símbolo de los doce hijos de Albión. La Religión Natural o Druídica sacrifica la libertad del indivi­duo, está gobernada por una Providencia que es opuesta al Divino Señor Jesús, una Providencia homicida que gime alimentán­dose de Muerte; puesto que toda religión que prevé el castigo y la venganza es reli­gión del Enemigo, del Vengador, y su dios es Satanás, príncipe de este mundo. Sus preceptos son contrarios al «eterno evange­lio».

En el poema muchos pasajes describen la desolación de Jerusalén, es decir, el esta­do de la vida mortal sin visiones. Pero es en la mujer en quien se compendian las fuerzas del mal. La mujer tiene en su poder nuestras facultades «vegetativas», oprime la vida del hombre con innumerables ilusio­nes de corporeidad y los errores subsiguien­tes. El «monstruoso gobierno de las muje­res» es el más peligroso obstáculo a las aspiraciones a la visión. Pero fuera de estos fragmentos en los cuales el pensamiento de Blake se deja ver de una manera clara, todo el poema es un apocalipsis esotérico guardado bajo siete llaves, donde el simbo­lismo permanece oscuro e impenetrable. La Jerusalén, lo mismo que el Millón (v.), debe en gran parte su importancia a los sugestivos dibujos que acompañan al texto: en estos se puede decir que Blake, con su vertiginosa fantasía, se anticipa al sentido moderno de la expresión figurativa, más allá de toda ley de fidelidad naturalista.

G. Pioli

La obra poética de Blake, puesta como está fuera de toda relación con la historia literaria de su época, muestra hasta qué punto es vano el intento de tratar los gran­des movimientos del espíritu humano con­siderándolos originados por los escritores y actuando sobre todo a través de la influen­cia literaria. (W. Raleigh)