Israel Potter, Hermán Melville

Novela del norteame­ricano Hermán Melville (1819-1891), publi­cada por entregas en 1854 y basada en las memorias de la vida de Potter, pobre dia­blo revolucionario, publicadas en 1827.

Is­rael Potter es un campesino a quien sus padres prohíben que se case con la joven que ama, y que va a trabajar a Vermont, donde le roban su salario. Se embarca en una nave de carga, vuelve a su tierra natal, combate valerosamente a Bunker Hill, se alis­ta en la marina de guerra americana, es he­cho prisionero por los ingleses y es condu­cido a Inglaterra. Consigue escapar de la vigilancia y se pone a vagabundear por la campiña inglesa hasta que es acogido por un baronet que le da trabajo. Acusado de haber sido espía, huye y termina en Kew como jardinero del rey. Después de algún tiempo se encuentra de nuevo sin trabajo y en la necesidad de ocultarse: hasta que conoce a algunos americanos, entre los cua­les se encuentra el gramático Horne Tooke. Estos amigos lo mandan en misión secreta a París a casa de Franklin; y en París co­noce a Paul Jones y de nuevo se embarca y combate contra los ingleses. Luego en­cuentra trabajo de ladrillero en Londres, donde se casa y lleva una vida tranquila hasta la muerte de su esposa, después de la cual vuelve a su pueblo natal. Melville sigue la narración de Potter y donde éste se interrumpe él también lo hace.

Se trata de una novela que está lejos de ser de las me­jores de Melville, si bien es digna de aten­ción, especialmente por las figuras históricas esbozadas o descritas con gran maestría. La más notable de todas es la de John Paul Jones, que en un momento dado parece con­vertirse en el protagonista, y la de Fran­klin. La acostumbrada penetración de Mel­ville y su gusto por la narración dan autén­tico valor a esta obra menor; y un sentido de realidad, que falta a la figura sosa e incolora de Potter, presta vivacidad y colo­rido a muchas escenas.

A. Camerino

Narración sencilla y seca. (L. Lewisohn)

Hay en ella la proeza, la fanfarronería, hay un humorismo desesperado: y una pa­leta suntuosa, oratoria, sobrecargada de aquella clase de colores algo incultos que son adecuados a la pintura histórica. (E. Cecchi)