Introducción a la Tragedia Griega, Wilamowitz Möllendorf

[Einleitung in die griechische Tragödie]. Obra de Ulrich von Wilamowitz Möllendorf (1848-1931), publicada en 1889 como segundo capítulo introductivo a la edición crítica del Heracles (v. Hércules) de Eurí­pides, publicada en 1889 y reimpresa en parte en 1907.

Antes de formular un juicio estético de carácter absoluto es necesario, según Wilamowitz, conocer las condiciones y posibilidades históricas del pueblo, de la época, del individuo; y la clave de este conocimiento es la filología. Después de una ojeada a las interpretaciones modernas, desde Lessing al romanticismo, de las que se originan las apreciaciones de los aficio­nados y los falsos juicios corrientes acerca de la tragedia griega, se remonta a Aristó­teles, entendido no como legislador de una estética insuficiente, sino como fuente his­tórica. Se analiza después el surgir de la comedia, el refluir de la epopeya jónica en la madre patria,’ el consiguiente floreci­miento de una lírica de tema heroico con detalles locales y, finalmente, el desarrollo de la tragedia ática, feliz compromiso dra­mático de elementos épicos jónicos y líri­cos dóricos. La tragedia es un fragmento mítico elaborado en estilo solemne para ser representado por un coro de ciudadanos y dos o tres actores, formando parte de las ceremonias religiosas en el santuario de Dioniso. La tragedia tiene sus raíces en el mito egipcio y por ello se diferencia de toda la restante poesía dramática; del mito, que es la suma de los recuerdos históricos del pueblo, el poeta obtiene el punto de partida y de llegada, quedando libre el resto del camino.

Las ideas del Hado o la Némesis o los prejuicios formales de per­sonajes típicos, de la catástrofe final, así como también el concepto aristotélico de la acción que inspire terror y piedad, son atri­buciones posteriores, alejadísimas de la tra­gedia ática, la cual representa la poesía más alta y universal del continente helénico, preparada por varios siglos de cultura poé­tica y religiosa, y que de modo natural des­emboca en la filosofía socrática. Aunque algunas de sus conclusiones hayan sido mo­dificadas o rechazadas por diversas corrien­tes de la crítica posterior, queda este trabajo como uno de los mejores del gran filólogo, y hoy todavía es fundamental para el estu­dioso de la tragedia antigua, porque las nociones filológicas, integradas o integrables por anteriores investigaciones, están regidas por el límpido equilibrio de juicio que da la justa perspectiva al observador de hoy. La identificación del autor con el tema con­fiere a sus páginas una densidad de intui­ciones y una vivacidad polémica de tanto mayor eficacia cuanto no existe la preten­sión de haber agotado sistemáticamente el tema.

L. Ventova