Indiana, George Sand

Novela de George Sand (pseud. de Aurore Dupin 1804-1896), publicada en 1832. Pertenece al período inicial de la es­critora, dominada por el romanticismo de Chateaubriand, y por el apasionado individualismo de Rousseau. Herida en su orgullo y en su sentimiento de mujer por un matri­monio desgraciado del que acaba de deshacerse, Indiana es su primera confesión, románticamente novelada.

En el castillo de Lagny, en Francia, vive el anciano coronel Delmare, austero y rudo, que se ha casado con Indiana, una joven nativa de la isla de Borbón. Junto a ellos vive el baronet inglés Ralph Brown, primo de Indiana, con quien ha pasado su infancia. Frío e impa­sible en apariencia, Ralph ama intensamente a la joven esposa. Un suceso fortuito apro­xima a los esposos Delmare a un tal Rai­mundo Ramiére, una especie de pisaverde que pronto se convierte en amante de In­diana. Contratiempos financieros inducen al coronel a dejar Francia por la isla de Bor­bón; pero su joven esposa, reacia a aquella separación, se refugia junto a su amante, quien por lo demás, no quiere ya nada con ella. Ralph la salva del suicidio; y ella se resigna a partir con su marido, y con su primo, para la isla lejana donde había de llevar una vida de torturada nostalgia. Pero a consecuencia de una carta de su amante, afligido de la pérdida de su madre, Indiana renace a la esperanza.

A escondidas, aban­dona a su marido, y parte para reunirse en Francia con Raimundo, a quien logra encon­trar después de muy penosas vicisitudes. Éste la acoge con frialdad y le declara que está casado. Desesperada, Indiana se deja conducir por su primo Ralph para volver de nuevo a la isla Borbón, donde su marido ha muerto durante la ausencia de ella, sin enterarse de la fuga. Atormentada por sus desengaños, Indiana no puede hallar reposo sino en la muerte, a la que se condena precipitándose en las aguas fragorosas de una cascada. El enigmático Ralph la sigue en su trágica suerte. La novela, densa en acontecimientos, desbordante de pasión a menudo morbosa, tiene todos los defectos de un temperamento que no consigue toda­vía contener los impulsos de la fantasía y de la imaginación. Pero este mismo desbor­damiento confiere vigor a muchas páginas que llevan el sello de un talento narrativo indudable, por el cual esta obra, sigue figu­rando entre las más vivas de la escritora. A. Fabietti

Y si toda la vida ella proclama que es posible para la humanidad alcanzar el ideal, es porque ella misma estaba armada para conseguirlo. (Dostoievski)

Esta novela no es tropical únicamente por la evocación de los países en que se ter­mina, ni tropical sólo por el exceso de pa­siva pérdida que allí fluye: es tropical por la temperatura de su poesía. (Thibaudet)

Leed a George Sand y quedaréis conven­cidos de que el medio mejor e infalible de agradar al Creador consiste en satisfacer vuestros deseos amorosos, aunque el objeto de ellos sea el camarero. (A. Huxley)