Ike No Mokuzu, Arakida Rei

[Hierbas flotantes en el estanque]. Obra en catorce volúmenes de la escritora japonesa Arakida Rei (1732- 1806), compuesta en 1771 y en poco más de cuarenta días. Es una historia del Japón más o menos novelada, hecha a imitación de los llamados Shi-kagami (Los cuatro es­pejos); esto es, el O-kagami (v.), el Mizu kagami (v.), el Masu kagami (v.) y el Ima kagami (v.). El Ike no mokuzu se propone ser una continuación del Masu kagami cuya narración continúa por doscientos setenta años más, esto es desde 1333 a 1603; por lo tanto, hasta el comienzo de la época de los Tokugawa (1603-1868). Históricamente, su valor es muy limitado, sobre todo por la deficiente y a menudo falseada ambientación histórica. Las descripciones muy minu­ciosas que hace la autora de la vida de Corte, corresponden mejor, y aun esto hasta cierto punto, a las de la era Heian (794- 1186), no a las del período de que su libro trata; y las grandes figuras militares del Japón en el siglo XVI, como Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu, son presenta­das no como guerreros y dictadores, según fueron en realidad, sino cual corteses y refi­nados caballeros de Corte de la época suso­dicha.

Despiertan, en cambio, admiración la lucida composición de su trabajo y la pro­fundidad y amplitud de sus conocimientos literarios ya japoneses ya chinos, de los cua­les hace gala la autora, con abundancia de citas y su gran dominio de los recursos lin­güísticos, que le permite descripciones ani­madas y pintorescas en estilo elegante y expresivo. Esto es tanto más notable cuanto más se considera el tiempo brevísimo que empleó en llevar a cabo su trabajo y en una época en que los materiales de inves­tigación eran muy escasos. En cuanto al tí­tulo, fue dado por la autora a su obra, por modestia, y procede de una poesía puesta al final, la cual traducida dice: « ¿Cómo parecerá el corazón del estanque tan poco profundo por las hierbas flotantes sobre sus ondas, apretadas unas contra otras?», en la cual la autora, comparándose a un estanque, manifiesta su temor por el juicio que los lectores formularán acerca de su obra.

M. Muccioli