Ifigenia, Teresa de la Parra

Es la primera y famosísima novela de la escritora venezolana Teresa de la Parra (1895-1936), que ha merecido nu­merosísimas ediciones en toda Hispanoamé­rica desde la fecha de su aparición, en 1925. No es sólo la gracia, vivacidad y animación del estilo en que está escrita — a Teresa de la Parra merece llamársela uno de los clá­sicos de la joven literatura venezolana — lo que la ha hecho tan popular, sino el con­flicto que plantea.

Ifigenia quiere expresar el choque entre las antiguas formas de vida de la aristocracia criolla y la emergencia de nuevas fuerzas económicas y sociales. Pero la tragedia se personifica en una hermosa muchacha de la sociedad de Caracas que después de haber estudiado en Europa vuel­ve a Venezuela a sufrir la pobreza disimu­lada y el enclaustramiento convencional que le impone su rigurosa y muy puritana fa­milia. Ella quisiera liberarse por el trabajo y la cultura, pero le acosan los intolerantes jefes de la tribu. Si muchas mujeres vene­zolanas del pasado vivieron así, en resigna­ción y sin protesta, ¿por qué no ha de vivir del mismo modo la protagonista de la novela, María Eugenia Alonso, quien simbólicamente se compara con la heroína griega? Porque, con arte admirable, la novela interpreta el mundo desde un ángulo completamente femenino y narra desde él, con ironía y agudeza, la vieja querella de los sexos, tuvo un éxito clamoroso y destacó el nombre de Teresa de la Parra como el de la más fina novelista de las literaturas hispanoameri­canas de entonces.

Aunque artísticamente esté acaso mejor realizada otra obra de la misma escritora: las Memorias de mamá Blanca, la popularidad de Ifigenia se man­tiene por la veracidad e ingenio — que no excluye el patetismo — con que describe el problema de la mujer venezolana a comien­zos del siglo XX. Así al alto mérito lite­rario de la obra se añade el de expresar un momento de crisis y cambio en la sociedad criolla. Desde este punto de vista histórico, vale la pena comparar otras soluciones y análisis del problema femenino en novelis­tas venezolanos posteriores a Teresa de la Parra, como Trina Larralde, en su novela «Guataro» (1937), y Antonia Palacios en su libro «Ana Isabel, una niña decente» (1950).

M. Picón Salas