Idea Sobre la Poesía Alemana, Giorgi Bertola

[Idea della poesia alemanna]. Con este ensayo, publicado en Nápoles en 1779, el abate Aurelio de Giorgi Bertola (1753-1798), se convirtió en el primero de los literatos ita­lianos que divulgaron el germanismo entre sus compatriotas cultos, entonces general­mente prendados de las literaturas francesa e inglesa y desconocedores de la alemana, que despreciaban sin conocerla.

Bertola, interesado desde muy joven por las litera­turas extranjeras, y especialmente por la alemana, había traducido ya en 1777 los Idilios (v.) del suizo Gessner. La Idea sobre la poesía alemana es una serie de impresio­nes críticas sobre varios poetas alemanes, de los cuales traduce algunos fragmentos, escogidos en general con buen criterio. La obrita gustó también a los doctos de Ale­mania, de manera que cuando en 1783 Ber­tola fue a Viena y permaneció allí algunos meses, encontró en aquella sociedad literaria una cordial acogida. Aprovechó esta es­tancia no sólo para profundizar su conoci­miento del alemán, sino también para re­dondear su cultura con el estudio de escri­tores antiguos de lengua y nacionalidad ger­mánicas. Al volver a su patria, trabajó de nuevo en el ensayo de 1779, lo refundió, lo amplió y lo terminó según una intención más compleja. El resultado fue la Idea sobre la literatura alemana publicada en Lucca, por Bonsignori, en dos volúmenes: el pri­mero es una refundición del ensayo prece­dente; el segundo, su continuación, com­prendiendo también Idilios escogidos de Gessner [Scelta degli idilli di Gessner], ya publicados en 1777. Bertola inicia su libro criticando la injusta falta de estima que los alemanes sufrían por parte de franceses e italianos. Disponiéndose luego a pasar re­vista a los escritores alemanes, liquida rápi­damente los de los siglos precedentes, valiéndose a menudo de críticas y ensayos de investigadores contemporáneos.

Por el contrario, cuando llega al umbral del si­glo XVIII, Bertola, que puede considerarse entre- los hombres de letras italianos como uno de los más típicos del siglo XVIII, se mueve con más libertad, con un interés netamente personal, y con aquella con­fianza que engendra el conocimiento fami­liar de las obras examinadas, y en varios casos, incluso de los mismos autores. Por esto su reseña, que se desarrolla por bio­grafías separadas y ordenadas cronológi­camente y que, por lo tanto, no se propone estudiar las distintas formas literarias y su evolución, adquiere un valor de atractiva originalidad. De aquí el valor del ensayo, vivo y cordial, y también su defecto, en cuanto que los juicios que en él encontra­mos pecan de unilateralidad. Bertola, escri­tor fluido, delicado, rico de «sensibilidad» en el sentido dieciochesco de la palabra, demuestra que admira a los poetas más tier­nos y delicuescentes, permaneciendo sordo ante los más fuertes y viriles. Se inclina, eso sí, ante Klopstock, pero es porque en comparación con Lessing, a quien considera árido, frío y cerebral, capta su generosidad y sus amplios vuelos. Al igual que a Les­sing le dedica solamente una página; del mismo modo trata muy superficialmente a Wieland, al cual admira sólo en parte. Más singular aún es su incomprensión de Goethe, que en aquel tiempo ya había escrito Las cuitas del joven Werther (v.) («una nove­la originalísima», advierte Bertola, «que ha causado mucha sensación»).

Goethe había escrito también el Clavijo (v.), del cual Bertola no hace mención, y el Goetz de Berlichingen (v.), a propósito del cual Ber­tola entona una severa crítica de las trage­dias «irregulares», encontrando la manera de colocar a Scipione Maffei un peldaño más alto que Shakespeare. Para Bertola tan sólo cuentan los poetas alemanes que pueden compararse a los griegos y latinos: el peli­gro de la literatura alemana reside, según él, en su deseo de producir obras demasiado libres, demasiado independientes de las re­glas clásicas, hijas de la razón. Pero su ídolo continúa siendo Gessner, que le co­rrespondía con igual admiración y afecto. Las traducciones que acompañan al libro de Bertola son generalmente cuidadas y fie­les, especialmente las de Gessner. El libro contiene también una Disquisición sobre la poesía pastoril y se cierra con ocho cartas escritas desde Viena entre agosto y diciem­bre de 1783, en las cuales Bertola daba cuen­ta de la vida literaria de aquella capital.

A. Pompeati