Idea de los Pintores, Escultores y Arquitectos, Federico Zuccari

[L’idea de’ pittori, scultori et architetti]. Obra teórica del pin­tor Federico Zuccari (hacia el 1542-1609), subdividida en dos libros y publicada en Turín en 1607, con una dedicatoria para Car­los Manuel de Saboya. Fundamento de toda la exposición es el concepto de diseño, que el autor entiende en sentido filosófico, dándole extensión universal. Distingue entre el diseño externo, que es «delimitación, circunscripción, medida y figura» de cualquier cosa, imaginaria o real, y el diseño interno, que es su supuesto y se identifica con una idea o forma del intelecto que representa de una manera verdadera y distinta la cosa aprehendida. El diseño interno se encuentra, por consiguiente, en la mente divina, así como en el intelecto angélico y humano; en éste último es menos perfecto, por cuanto está originado por los sentidos y se subdivide en diseño especulativo, práctico moral y práctico artificial, según sea el origen de las ciencias, de las virtudes morales y de las cosas artificialmente producidas por el hom­bre. Después de haber refutado las definicio­nes del diseño dadas por autores anteriores como Vasari y Armenini, Zuccari trata en el segundo libro, del diseño externo en sus relaciones con la pintura, la escultura y la arquitectura, y hace la enumeración de las tres especies.

La primera es el diseño natu­ral, o sea la forma de todas las cosas sensi­bles producidas por la naturaleza, de la cual el arte debe ser émulo e imitador; entre éstas la más noble y digna de estudio es el microcosmos del macrocosmos, el cuerpo humano. Al diseño natural sigue luego el artificial, es decir, el diseño en el signifi­cado corriente de la palabra, que es el verdadero origen y substancia común de tres artes representativas, conforme también con el concepto del Vasari (v. Vidas de los más excelentes arquitectos, -pintores y escul­tores). Tercero y último es el diseño artifi­cial fantástico, que representa todo lo que la fantasía y el capricho humano pueden in­ventar. Sigue el elogio de las «nobilísimas profesiones» del pintor, escultor y arqui­tecto. El tan traído y llevado tema del si­glo XVI de la «comparación», o sea de la superioridad de un arte sobre otro, pasa aquí a segunda fila frente a la exigencia de esclarecer sus relaciones con el diseño como elemento generador de cada una de ellas; con todo, es notable lo que Zuccari observa sobre la excelencia propia de la pintura y sobre el carácter, imitativo y utilitario a la vez, del arte de construir, que «da esplendor y grandeza al mundo». El tratado concluye con un elaborado paralelismo entre la ac­ción vivificadora del sol en el universo y la que ejerce en nosotros el diseño, chispa di­vina, luz del intelecto y vida de las obras. Artista mediocre, Zuccari aparece en el libro guiado por un interés preferentemente filo­sófico; la sistematización de la exposición revela un conocimiento bastante hábil, co­herente y seguro de la terminología aristotélico-escolástica.

La nota sobresaliente del tratado, que es uno de los documentos lite­rarios más característicos del período «manierista», es un acusado intelectualismo de sabor platónico, evidente en el dualismo establecido entre el diseño externo e interno, como también en la manera de entender este último, no desde el punto de vista psicoló­gico, sino como categoría metafísica. La Idea de Zuccari prepara así, en cierto modo, el camino a la «Idea» de la estética clasicista del siglo XVII (v. Vidas de pintores, escul­tores y arquitectos modernos, de Bellori).

G. A. Dell’Acqua