Homo Sum, Georg Ebers

Novela (1868) de Georg Ebers (1847-1898), egiptólogo y autor de una serie de afortunadas novelas a la manera de Los últimos días de Pompeya (v.) de Bulwer, tan grata a los lectores de la clase media en la segunda mitad del siglo pasado. En ella se narran las aventuras de tres anaco­retas del siglo IV que habitan en el Monte Sinaí: dos viejos, Pablo y Esteban, y un hijo de este último, Hermas. Pablo, después de una vida brillante y una repentina con­versión, se ha retirado a la Montaña para mortificar sus sentidos. Esteban había lle­gado allí veinte años antes con el pequeño Hermas, después de haber sido abandonado por su esposa, seducida por un oficial galo. Hermas, en cambio, es joven y odia la sole­dad a la cual está Condenado, y al encontrar a una bellísima gala, Sirona, casada con un viejo celosísimo y lleno de vicios repug­nantes, se enamora de ella. El marido los sorprende en inocente coloquio y una piel que Hermas ha abandonado en su fuga pa­recería testimoniar su culpa, si, para salvar la situación, no interviniese el viejo Pablo quien, por amor al discípulo y por hacer penitencia, reconoce la piel como suya. To­das las iras se dirigen entonces hacia él. Es expulsado inmediatamente de la congre­gación de los anacoretas y cubierto de opro­bio.

Pero una prueba más difícil aún le espera todavía. Cuando, apenado y humi­llado, si bien contento en su corazón, vuel­ve a su montaña encuentra sobre una roca, medio desvanecida, a Sirona, que ha huido de su casa para sustraerse a los malos tra­tos del marido y se conmueve oyendo de su boca la narración de su inocencia y de sus sufrimientos; pero también sus sentidos se mezclan a la compasión, de manera que se encuentra de nuevo expuesto a las tentacio­nes del amor. Por suerte llega Policarpo, un joven escultor que desde mucho tiempo ama a Sirona y es correspondido. Y todo se arregla. La novela acaba con la victoria del bien y de la justicia. Cuando, poco des­pués, estalla la revuelta de una tribu nó­mada, los blemmi, también los ermitaños, ciudadanos romanos, toman parte en la lu­cha por la defensa de la montaña: en la ba­talla Esteban, el padre de Hermas, reconoce en el marido de Sirona al seductor de su esposa: se arroja sobre él y lo mata, pero en el combate él también pierde la vida. Sirona queda libre para casarse con’ Poli- carpo. El viejo Pablo muere al cabo de al­gunos meses, después de haber sido rehabilitado en su honor. Sobre su tumba desea ver inscrito el verso tan cristiano del paga­no Terencio, «Homo sum».

C. Gundolf