Historia del Reyno de Quito en la América Meridional, escrita por el presbítero don Juan de Velasco, nativo del mismo reyno, Juan de Velasco

Tal es el título de una de las más interesantes historias escritas durante la Colonia, sobre un país americano. Se debe, como su título indica, a un jesuita quiteño desterrado, Juan de Velasco (1727- 1792), quien en Ferrara primero y luego en Faenza (los hogares de los jesuitas en destierro), fue compañero del P. Juan Igna­cio Molina, autor de la «Historia Natural y Civil de Chile», y del P. Francisco Xa­vier Clavijero, autor de la «Historia Anti­gua de México». La obra está dividida en tres partes: la «historia natural», la «his­toria antigua» y la «historia moderna». En la primera parte se describen puntualmente las condiciones físicas, la flora y la fauna del Reyno de Quito (hoy república del Ecuador) y se defiende al hombre ameri­cano de las acusaciones de Buffon, Raynal, De Paw y Robertson, que lo consideraban mental y físicamente inferior al europeo. En la segunda, se contienen datos sobre el origen del habitante americano del Pacífico que no existen en los libros anteriores. Es­tos datos se refieren a una invasión de pue­blos procedentes del Norte, que vinieron por mar y que se denominaban los «caras», los cuales establecieron en el territorio del Reyno de Quito el estado de los «shyris», anterior a la llegada de los incas. Velasco dice haber tomado estos datos de las «cró­nicas de Indias» de los PP. Marcos de Niza y Bravo de Saravia y del indio Xacinto Collaguaso, libros que se han perdido o han sido destruidos. Mucho se ha discutido esta afirmación de Velasco, llegándose incluso a calificarlo de «novelista» y de «falsario», si bien datos en favor de una inmigración maya a las costas de Manabí, proporciona­dos por la moderna arqueología, parecen darle la razón en lo esencial, debiendo desecharse solamente detalles secundarios. La tercera parte abarca los sucesos contempo­ráneos del autor. A esta obra se la ha lla­mado «la partida bautismal de la naciona­lidad ecuatoriana».

A. Carrión