Historia del Arte Mostrada con los Monumentos de su Decadencia en el Siglo IV Hasta su Renovación en el XVI, Jean-Baptiste Séroux d’Agincourt

[Histoire de l’Art par les Monuments depuis sa décadence au IVe siècle jusqu’à son rénouvellement au XVIe]. Obra del historiador francés Jean-Baptiste Séroux d’Agincourt (1730-1814), destinada a servir de continuación a la Historia del arte de la Antigüedad (v.) de Winckelmann y publicada en París en seis volúmenes des­de 1811 al 1823< Como indica su título, el autor se propone hacer hablar, sobre todo, los monumentos, «no escribir sino bajo el dictado de ellos, o, a lo más, explicar y comentar su lenguaje». De aquí el gran desarrollo de su documentación gráfica : trescientas veinticinco planchas grabadas, con su respectivo texto descriptivo, que re­producen cerca de mil cuatrocientas obras arquitectónicas, esculturas, pinturas, minia­turas de joyería, en gran parte inéditas. Pero comprendiendo que la colección y la clasificación sistemática y cronológica del material no bastan para constituir la ver­dadera historia del arte y deben por ello ser ilustradas por principios filosóficos y críticos, D’Agincourt ocupa la parte central de su obra con tres largos discursos dedi­cados a la historia de la arquitectura, de la escultura y de la pintura, precedidos de un amplio preámbulo sobre las condiciones políticas, civiles y literarias de Grecia y de Italia y sobre sus reflejos en las artes fi­gurativas en el período comprendido entre Constantino y el papa León X, entre el si­glo IV y el XVI.

El primer discurso com­prende una introducción sobre las vicisitu­des de la arquitectura, desde sus orígenes hasta su florecimiento entre los antiguos, y trata después de la época de su decadencia; del sucesivo predominio del estilo gótico; del renacimiento del arte, que se inició con Brunelleschi; en fin, de su plena renova­ción, hasta finales del siglo XV y principios del siguiente. Sobre un esquema análogo están construidos los discursos restantes: después de los siglos obscuros de la Edad Media en que la actividad de los artistas se reduce al empleo de métodos técnicos su­pervivientes de la Antigüedad, primero la escultura, a fines del siglo XIII, y más tar­de la pintura, renacen lentamente hasta re­cuperar en el siglo XVI su verdadero ca­rácter con el ejemplo de los antiguos. Aun­que el autor se ocupe casi exclusivamente del arte italiano y reconozca su indiscutida primacía en los tiempos modernos, como heredero del helenismo clásico, su exposi­ción histórica toma en cuenta también las obras de culturas artísticas diversas del otro lado de los Alpes y del Oriente bizantino, por esto puede ser en cierto modo conside­rada como la primera historia general del arte de la Edad Media europea. Seguidor de Winckelmann, D’Agincourt toma de éste el planteamiento clasicista (sobre el cual influyen las tendencias historiográficas de la ilustración francesa); muy semejantes son sus criterios valorativos, con la diferencia de que mientras el arqueólogo alemán pro­ponía a los artistas modelos que imitan el arte clásico, él prefiere indicar sus erro­res, que es menester evitar, en el arte de la Edad Media europea.

Son grandísimos, sin embargo, los méritos de D’Agincourt para el conocimiento y la divulgación del arte cristiano medieval, gracias sobre todo a la sagaz investigación de clases enteras de importantes monumentos y objetos an­tiguos — como las miniaturas de los códices griegos y latinos — antes de él casi des­cuidados. En cuanto al método, el predomi­nio del estudio directo de los monumentos sobre el de las fuentes literarias, del aná­lisis estilístico de su lenguaje con preferen­cia a la consideración anticuaría, refuerza la fundamental importancia de esta obra para los futuros desarrollos de la historia del arte.

G. A. Dell’Acqua