Historia del Arte Cristiano en los Ocho Primeros Siglos de la Iglesia, Raffaele Garrucci

[Storia dell’arte cristiana nei primi otto secoli della Chiesa]. Vasto reperto­rio debido al jesuita Raffaele Garrucci (1812-1885), publicado entre el 1878 y 1881. El primer volumen en seis libros contiene la parte teoricoiconográfica y estudia varios aspectos del arte cristiano (sus orígenes, tradiciones paganas, prácticas de la Iglesia primitiva, edificios religiosos, etc.), del hom­bre (el desnudo en las pinturas cristianas, los trabajos de mosaico, esmalte en negro labrado, etc.), del símbolo (detallada y especialmente en lo que se refiere al reino vegetal y animal, real y fantástico); de la personificación (de elementos naturales, de ideas abstractas, de seres incorpóreos); de los tipos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento (en que se investiga la ausencia de representación del crucifijo y de sus substitutos en el arte cristiano primitivo, y la iconografía y el martirio de Pedro y Pablo, etc.). En la segunda parte del primer volumen, «Anales», se hace la historia o crónica del arte cristiano, desde el nacimiento de Cristo hasta el siglo IX, en seis libros, con rica erudición.

El volumen, nutrido de material original en par­te, de descubrimientos hechos en la vasta mina de la Patrística, de apreciaciones fun­dadas en un conocimiento profundizado de la Antigüedad clásica y cristiana, contiene el pensamiento y los resultados de la ex­periencia de Garrucci. Siguen cinco volúmenes en que se describen y explican las pinturas, los mosaicos, los sarcófagos y las esculturas, funerarias o no, ilustrados con más de quinientas planchas que ofrecen más de dos mil asuntos. No son raras las obras de arte descubiertas, por el autor, también en viajes al extranjero, y frecuen­tes sus ideas originales contrapuestas a las corrientes, hasta a opiniones de G. B. de Rossi. Hoy, después de más de ochenta años, esta obra monumental conserva su valor debido a su rica ilustración, la cual, sin embargo, como todos los dibujos de línea, tiene el defecto de no ofrecer al arqueólogo ni al historiador elementos bastante preci­sos para un estudio a fondo. Limpia de mixtificaciones y falsificaciones se resiente qui­zá del ardor febril y de la ambición des­mesurada de quien osó componerla sin ayuda de nadie.

G. Pioli