Hiparco o El Hombre Codicioso, Platón de Atenas

Diálogo atri­buido a Platón de Atenas (428/27-347 a. de C.), pero indudablemente apócrifo. Se desarrolla entre Sócrates y un amigo. Éste llama codicioso a aquel que trata de sacar ganancia de cosas que conoce no tienen ningún valor. Pero tratar de ganar signi­fica pensar que se debe ganar, responde Só­crates: y nadie puede hacerse ilusiones de sacar verdaderamente provecho de cosas que no valen nada: según esta definición, ningún hombre podría llamarse codicioso. Entonces, quien intenta especular con cosas aunque sean de poco precio, evidentemente es que se engaña sobre su valor. Además, la codicia consiste en amar la ganancia: pero la ganancia es un bien porque es lo contrario de la pérdida, que perjudica y, por tanto, es un mal; de modo que todos los hombres deben amarla, y por consi­guiente resultaría que todos han de ser codiciosos, o sea, amantes de la ganancia. El amigo propone entonces una nueva de­finición: es codicioso quien intenta sacar ganancia de cosas que los hombres hon­rados no osarían explotar: pero la ganan­cia, ¿cómo podría ser mala si, contraria­mente a un mal, es siempre un bien? Según el amigo, hay un punto débil en la discu­sión: se ha dicho que la ganancia es un bien, pero hay que distinguir: no todas las ganancias son tales. La ganancia buena no es, sin embargo, más ganancia que la mala: hay, pues, que definir la esencia de la ga­nancia en cuanto que es igual en ambos casos.

¿No se debe entender por ganancia una adquisición que no requiera gasto, o que dé más provecho que su coste? Así lo cree el amigo. Pero, le hace notar Só­crates, no toda adquisición es ganancia: así, si uno es invitado a un banquete y, sin gasto alguno, adquiere una indigestión, evi­dentemente no gana nada. Será, pues, ga­nancia, sólo la adquisición buena, ya que la mala resulta más bien una pérdida: por lo tanto, la ganancia se identifica con el bien, como la pérdida con el mal. Ade­más, no siempre quien adquiere más de lo que ha gastado hace una ganancia, porque si uno trueca media libra de oro por el doble de plata, pierde, aunque cuantitati­vamente haya recibido más de lo que dio. De modo que al concepto de ganancia se le debe asociar el de valor; pero lo que vale es digno de ser poseído, y digno de ser poseído es lo que es útil; de modo que por tercera o cuarta vez se demuestra que la ganancia es una cosa buena. A ella as­piran los hombres honrados porque quieren el bien; y a ella tienden los malos, como la experiencia lo demuestra: de modo que todos, buenos y malos, son codiciosos, y no pueden razonablemente reprenderse, unos a otros por un defecto que les es común. [Trad, de Patricio de Azcárate en Obras completas, tomo XI, con el título Hiparco o del Amor a la ganancia (Madrid, 1872), y en el tomo IV de la reedición argentina (Buenos Aires, 1946)]

G. Alliney