Himnos de San Hilario de Poitiers

A fines del siglo pasado se descubrió en Arezzo un códice procedente de Montecassino, que contenía tres himnos de San Hilario, obispo de Poitiers después de 350, primer «doctor» de la Iglesia, y acerca de su autenticidad ya no se abrigan dudas. Ninguno de los tres himnos está completo: del primero, «Ante saecula qui manes», es­crito en estrofas asclepiades segundas (esto es, compuestas de un gliconio seguido de un asclepiadeo menor), faltan las últimas cuatro estrofas; es acróstico y trata de un tema dogmático, esto es, de las relaciones de Cristo con el Padre. El segundo, «Fefellit saevam», en senarios yámbicos, también es acróstico, y le faltan cinco estrofas al comienzo; en éste, San Hilario eleva al cie­lo un canto de alegría por la liberación del alma del temor a la muerte, hecha posible por el sacrificio de Cristo y por el Bautis­mo, que es su símbolo. El tercero, «Adae carnis gloriosa», escrito en tetrámetros tro­caicos catalécticos y falto de su última parte, celebra la primera victoria del Adán celestial, Cristo, sobre Satanás.

San Hilario, antagonista acérrimo del arrianismo, co­menzó a componer himnos durante^ su des­tierro en Oriente, adoptando el método de sus enemigos, que hallaban eficacísima la acción de la poesía sobre el ánimo de los fieles. Estos Himnos son técnicamente im­perfectos, aunque, a diferencia de otros es­critores cristianos, San Hilario declare que dará gran importancia a la forma; pero no les falta en algún pasaje cierto calor de sentimiento y de elocuencia. Son los pri­meros de la literatura cristiana, que han ejercido notable influencia en San Ambro­sio, quien, al escribir también Himnos (v.) para la lucha contra los arríanos, siguió, sin duda, como modelo al único precursor: San Hilario de Poitiers.

E. Pasini