Himnos de George, Stefan George

Los Himnos del poe­ta alemán Stefan George (1868-1935) apa­recieron en 1890 en una edición de cien ejemplares, dedicados a Cari August Klein, «fiel amigo de juventud»: sólo más tarde, en 1899, fueron reunidos con Las Peregri­naciones (v.) y con Algabal (v.), en un volumen único que se puso a la venta en edición definitiva.

Es el primer libro de versos publicado por George; el título no se debe ni a una particular forma métrica ni a la solemnidad de sus temas profanos o re­ligiosos, sino al tono elevado y sostenido y al sentimiento de adoración de la belle­za que impregna todas las imágenes. Geor­ge — iniciado en el círculo de Mallarmé en los nuevos «ritos y cultos» de la religión del arte — descubrió que también él era un «sacerdos magnus et pontifex», con un don propio y personal de palabra creadora. Apa­recen, en efecto, por vez primera, todos los signos distintivos de lo que será su estilo — desde la actitud distante y altiva hasta la severidad del empeño, desde las compactas sonoridades plásticas al tono preciso, deci­dido y lúcido; desde lo raro de la pun­tuación a la abolición de las mayúsculas iniciales en los sustantivos (contra la cos­tumbre alemana) —. Los temas — «Consagra­ción», «Ágape», «Metamorfosis», «En el par­que», «En la terraza», «Pleno estío», «Noc­turno», etc. — recuerdan los del Simbolismo (v.) francés coetáneo; pero son sólo apun­tes, temas ocasionales. La esencia de la inspiración es la felicidad consciente de la «potencia evocadora», inherente al giro bre­ve y cerrado de la armonía verbal, la em­briaguez consciente de dar cuerpo sensible a lo que hay de más inefable en la vida.

Cierto que también hay aquí algo de la alegría de Narciso que, contemplando en la palabra su propia imagen, se enamora de ella; a veces también la factura preciosista del verso es fin en sí misma. Pero los de­talles están tratados con mano maestra: por ejemplo, en el célebre soneto sobre Fra An­gélico, la transcripción verbal de un motivo de arte figurado — la «Coronación de la Virgen» — realizada con delicada y exqui­sita adecuación de movimientos. Versos bellísimos aparecen por todas partes. En conjunto, no es más que un «punto de par­tida», pero es ya «el punto de partida de­finitivo». Es George que, por primera vez, directamente y cara a cara, «entra en co­loquio con sus propios espíritus» («mit seinen Geistern rede tauscht»).

G. Gabetti