Heptaplo, Giovanni Pico della Mirandola

[Heptaplus de opere sex dierum geneseos]. Obra de Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494), publicada en 1490. Está dividida en siete libros, cada uno de los cuales está dividido en siete breves capítulos, además de un prólogo y de un epí­logo.

Trata de la creación en siete días tal como la narra el Génesis; en dos proemios, nos advierte Pico que las verdades más ele­vadas están envueltas en el Génesis con el velo de un enigma, y que el mundo está hecho de tres partes: el mundo elemental, el mundo angélico y el mundo celeste. El hombre es la imagen de estos tres mundos: del elemental por su cuerpo, del celeste por su alma, del angélico por su inteligencia. En la primera exposición, que trata del mundo elemental, Pico ve en el relato de la creación del cielo, de la tierra, del aire y del agua, una completa doctrina cosmo­lógica sobre la materia, sobre las formas corruptibles y la causa eficiente; todas las palabras, aun las más comunes, son sím­bolo de una elevada doctrina filosófica. Lo propio se puede decir de la segunda expo­sición, que trata del mundo celeste, de la tercera, que trata del mundo angélico, y de la cuarta, en la que se habla del hombre. En la segunda, por ejemplo, hablando del cielo, Pico hace saber que se debe entender el empíreo, y cuando se habla de la tierra, han de entenderse todas las obras que se hallan bajo el cielo cristalino. Es intere­sante la cuarta exposición, por el nexo que presenta con el discurso De la dignidad del Hombre (v.). El hombre es imagen de Dios, no en el sentido de que constituya un cuar­to mundo, aparte del elemental, del celes­te y del angélico, que son también imáge­nes de Dios, sino porque el hombre es una síntesis de los otros tres. También Dios es una síntesis del mundo, pero lo es en sen­tido diferente del hombre, porque Dios con­tiene al mundo como principio, y el hom­bre lo contiene como medio de todo. De esto se sigue que las cosas son más per­fectas en Dios de lo que son en sí mismas; en el hombre, por el contrario, se elevan las cosas inferiores, pero se rebajan las su­periores.

En la quinta y sexta exposición, vuelve Pico a describir minuciosamente ca­da uno de los mundos y particularmente al hombre, para mostrar la unidad del todo, porque las cosas singulares tienden a unirse para alcanzar a Dios. El medio más adecuado para llegar a Dios es la oración, ligamen espiritual entre cielo y tierra. La exposición última, la séptima, muestra una doctrina de la felicidad, que, natural o es­piritual, siempre consiste en poseer a Dios, el sumo bien. Pero a la felicidad espiritual no se llega sin ayuda de la gracia. Inte­resante es el final, en el que Pico quiere hallar en la primera palabra del Génesis, «in principio», que en hebreo se dice «Bresit», una doctrina completa de la creación, dividiendo la palabra y formando con ella varios anagramas, según métodos cabalís­ticos.

S. Ruta