Heimskringla o Sagas de los Reyes de Noruega, Snorri Sturuson

[Nóregs konunga sögur]. Obra his­tórica del escritor islandés Snorri Sturuson (1178-1241), compuesta entre 1220 y 1230. El título de Heimskringla (esto es, «orbe terrestre») deriva de las palabras iniciales del libro: adoptado por los primeros erudi­tos y editores del siglo XVII, ha pasado al uso general.

Constituyen la obra una serie ordenada de biografías de reyes de Norue­ga, que, empezando por Hälfdan el Negro y Haraldo de la Bella Cabellera, o sea, desde el siglo IX, llega hasta Magnus Erlingsson y la batalla de Re, ocurrida en 1177. Prece­de a las biografías un relato mitológico y fantástico sobre el origen de la estirpe de los ynglingos, derivado de un poema ge­nealógico, el Ynglingatal, del escalda no­ruego Thjodholfr de Hvin, que vivió en el siglo IX. Estas biografías son de extensión variable: algunas muy breves, como la de Hálfdan el Negro, que consta de 9 cortos capítulos, y otras muy largas, como la de Olav el Santo, que contiene 251. Olav el Santo es ciertamente una figura central en la historia de la antigua Noruega; pero la amplitud extraordinaria de su biografía se debe quizás al hecho de que Snorri, antes de pensar en componer la Heimskringla, había ya escrito una saga de aquel rey, que naturalmente pasó a ser el núcleo de la otra obra. Amante de la verdad y dotado de sentido crítico, Snorri utilizó cuidadosa­mente las fuentes literarias y los testimo­nios orales, y aprovechó una estancia suya en Noruega entre 1218 y 1220 para recoger nuevo material y documentarse mejor. Dio particular importancia a los poemas de los escaldas contemporáneos de los aconteci­mientos, que narra prolijamente. Aparte del mérito de ser una narración bastante crítica y documentada, la Heimskringla tiene no­table valor literario por la sobriedad y cla­ridad de su estilo.

Se ha observado que el interés de Snorri se enfoca preferentemente hacia el lado «humano» de los personajes. Las cuestiones propiamente históricas, como la secular lucha entre la tendencia unificadora del rey contra el particularismo de los poderosos condes y pretendientes, o como la cristianización del país o las condiciones económicas y sociales, no constituyen nun­ca el objeto verdadero del relato: sólo se alude a ellas en cuanto caen dentro de la vida de los biografiados. Hemos de juzgar, pues, la Heimskringla no tanto como una obra de verdadera historia, sino como una obra anecdótica. Pero en este aspecto me­rece sin duda un puesto eminente en la literatura medieval y uno preeminente en la literatura escandinava.

V. Santoli