Hasta el Final, John Ruskin

[Unto this Last]. Con este título el ensayista inglés John Ruskin (1819-1900), publicó en volumen, en 1862, cuatro ensayos de economía política, que ya habían aparecido dos años antes en el «Cornhill Magazine». En ellos el autor se propone dar una nueva definición del con­cepto de riqueza y estudiar la conexión entre los problemas inherentes a ella y «ciertas condiciones morales de la vida so­cial». La idea que sirve de fundamento a estos escritos es que no se puede tratar la economía como una ciencia positiva porque en ella no se puede prescindir del factor hombre y del elemento espiritual que éste aporta. El hombre sujeto a la economía no es, para Ruskin, el «homo oeconomicüs» de la escuela liberal, sino el hombre real en quien actúa poderosamente, además del mo­tivo del provecho individual, el factor mo­ral y sentimental. «Siendo él una máquina cuyo motor es un alma, la fuerza de esta cantidad incógnita entra en todas las ecua­ciones políticas de los economistas sin que ellos lo adviertan, y falsea todas sus con­clusiones».

Por esto es menester encuadrar la economía en una concepción moral y re­ligiosa de la vida: y a la luz de esta con­cepción emprender una revisión crítica de sus conceptos fundamentales. Así, para Rus­kin «valor» (del latín «valere») es potencia de vida; esto es, indica la medida en que un bien sirve para la vida («avails towards life»). «Riqueza» es posesión de bienes por parte de quien está en condiciones de usar de ellos: debe consistir en una posesión substancial y no ser una riqueza ficticia o mercantil, consistente en un derecho sobre un trabajo ajeno que a menudo representa una disminución de la verdadera riqueza. La verdadera riqueza es, en el fondo, la vida. Así Ruskin continúa introduciendo un criterio moral en la valoración de las leyes y de los conceptos de la economía. La re­gla fundamental que se halla en la base de ésta es que todo lo que uno posee no puede ser poseído por otro. Por esto el que desea lo superfluo es culpable. «El lujo», concluye el autor, «no puede hoy sino ir acompañado de la ignorancia».

G. Borsa