Harsacarita, Bana

[Los hechos de Harsa]. Obra india de Bana, autor de Kādambarī (v.), que vivió en la corte del rey Harsavardhana (606-648) de Thanesar (en el Penjab), y poeta áulico que compuso el Harsacarita para inmortalizar las glorias de su real señor.

En cuanto al género literario, el Harsacarita es definido como una «narra­ción sucinta» («ākhyāyikā») o también un «poema artístico» («mahākāvya»); y es, en substancia, una novela histórica o biografía novelada, dividida en ocho capítulos y es­crita en prosa poética y en un estilo ela­borado según las reglas del arte poética india: hay sólo unas veinte estrofas introductivas al principio de la obra, y alguna que otra intercalada en el curso de la mis­ma. En las estrofas de introducción el autor alude o cita, a título de gloria, a famosos poetas y obras poéticas del pasado, entre ellas el Mahābhārata (v.), Satavahana, au­tor de la Sattasai (v.), los dramaturgos Bhasa y Kālidāsa, la Brhatkathā (v.). En la octava estrofa define de esta manera los méritos de una obra poética: un argumento nuevo, un arte refinado de describir las cosas, juegos de palabras no rebuscados, una entonación precisa y un lenguaje ele­vado. El Harsacarita empieza dándonos in­teresantes noticias biográficas del mismo autor, Bana, con detalles sobre su nacimiento, sobre su infancia entristecida por la muerte de su madre y más tarde de su padre, sobre su alborotada juventud, sobre sus viajes al extranjero y su regreso a la patria, donde pronto es solicitado para ir a la corte del rey Harsa. Aquí permanece algún tiempo, hasta que, con ocasión de un viaje para ir a ver a los suyos, les cuen­ta la historia de Harsa, del que hace una artificiosa y prolija descripción encomiás­tica, hablando de la impresión que tuvo la primera vez que le vio. Una escena altamente dramática es la de la muerte del rey Prabhākaravardhana, padre de Harsa, acompañada del sacrificio voluntario de un joven médico de dieciocho años, muy adic­to al rey y que, viendo el caso desespe­rado, se echa a la hoguera para morir en ella, y un análogo y voluntario fin de la reina, madre de Harsa. La novela, tal como termina, al final del octavo capítulo, deja la impresión de una obra interrumpida, y es lícito suponer que se haya perdido la última parte.

De acuerdo con los ideales artísticos declarados por Baña, abundan en el Harsacarita los trozos descriptivos, entre los que destacan los referidos a las costum­bres y usos de la época y, en particular, las ceremonias religiosas. La forma tiene tam­bién una gran importancia, y hay unos ca­racterísticos juegos de palabras muchas veces ingeniosos, frecuentes y refinadas me­táforas y un buscado virtuosismo formal que se realiza, entre otras cosas, en unas largas series de adjetivos y de participios. De escasa exactitud histórica, el Harsacarita nos proporciona datos e informes nota­bles para el conocimiento de la cultura in­dia. Trad. inglesa de E. B. Cowell y F. W. Thomas (Londres, 1897).

M. Vallauri