Harold, el Último de los Reyes Sajones, Edward George Bulwer-Lytton

[Harold, the Last of the Saxon Kings]. Novela histórica inglesa de Edward George Bulwer-Lytton (1803-1873), publica­da en 1848. Estamos en la primera mitad del siglo XI; la Inglaterra de los anglo­sajones, que ha permanecido extraña a la ordenación feudal y a la evolución social del continente, está geográfica y espiritual­mente separada de Europa.

El joven prín­cipe Harold, hijo de Godwin y nieto del mítico rey Eduardo el Confesor, es lanzado por una tempestad a las costas de Norman- día y capturado por Guy de Ponthieu. Gui­llermo de Normandía se entera de ésta cir­cunstancia que le abre el camino para conseguir un objetivo tácita y tenazmente perseguido por él. Ordena que le entreguen a Harold y lo hace llevar a su castillo de Ruán. Voluntarioso, astuto y sin escrúpu­los, Guillermo ofrece a Harold la libertad con tal de que jure la renuncia a cual­quier derecho al trono inglés. Y Harold jura, pero con la intención de no cumplir la palabra, sintiendo que la perfidia debe combatirse con la perfidia y el engaño con el engaño. De esta antinomia entre el bueno que se pone del lado del error y el mal­vado que se pone del lado de la razón, surge el drama histórico. Cuando Eduardo el Confesor muere, Harold acepta la corona. Su ánimo, débil e inseguro, está angustiado, incluso porque la Iglesia no ha consentido jamás su matrimonio con su prima Edith la Hermosa, tiernamente amada por él, y ha tenido que casarse luego, por razones dinásticas, con Aldyth. La vidente Hilda, de fe pagana, le ha predicho que día ven­drá en que él y Edith se unan para siem­pre. Y el secreto paganismo de Harold, siempre vivo bajo el cristianismo a cuyas leyes no sabe sustraerse, encuentra un con­suelo en las palabras de la maga.

Pero la batalla de Senlac vence la heroica resisten­cia de los sajones y cambia con despiadada violencia la fisonomía de la isla. Edith acu­de a Senlac para encontrar en el campo de batalla el cuerpo del hombre amado; el amor vence a su orgullo y se arroja a los pies del vencedor Guillermo, que en el primer momento había ordenado que el cadáver del enemigo quedase para pasto de los cuervos. Guillermo se deja ablandar y Edith, acompañada por un caballero nor­mando y por dos monjes, tras haber encon­trado entre los millares de muertos el cuer­po de Harold acribillado de heridas, muere de dolor a su lado. Así se realiza la pre­dicción de la «vala» Hilda. Siguiendo los pasos de Scott, Bulwer trató sobre todo de evocar, en sus descripciones, la atmósfera y el ambiente de la época, las costumbres de sajones y normandos. Y en la vidente Hilda, que es el único personaje no his­tórico de la novela, representó el antiguo residuo del primitivo paganismo germánico que, frente al Cristianismo, se había refu­giado en un estrato inferior de religiosidad supersticiosa. Por la intensidad del clima la novela es una de las mejores del fecundo escritor; algunos años más tarde, en 1876, Alfred Tennyson (1809-1892) escribió su tragedia Harold inspirándose en esta obra.

G. Fornelli

*     Algunos melodramas se han escrito sobre libretos románticos de tintas fuertes inspi­rados en Harold. En 1857, Giuseppe Verdi adaptó a uno de estos libretos, rehaciéndola en parte, la música precedentemente com­puesta para otro libreto con el título de Stiffelio; pero tanto una como otra son obras fallidas. También compuso un Harold Eduard Naprawnik (1839-1915), representado con éxito en San Petersburgo en 1886. Se recuerdan por fin un Harold de Frédéric Hymen Cowen y otro de Martin Georges Witkowski ambos de fines del siglo XIX.